(NO) Reflexiones desde el espanto

El miedo a lo desconocido es comprensible, pero el espanto es algo más allá de eso. El espanto parte de un prejuicio ante el objeto y se deja llevar por un tipo de visión sesgada que sólo busca las armas para destruir aquello que lo provoca. Se han hecho teorías enteras desde el espanto, tal como la teoría de las masas, tan recurrida en el siglo XIX de Le Bon y que después heredaría Ortega y Gasset entre muchos otros. Lipovetsky es otro autor que generalmente habla desde el espanto, Baudrillard tiene sus momentos de espanto, aunque no toda su obra es así. En general las teorías desde el espanto son conservadoras, intentan detener una tendencia que les hace temer. Teorizar desde el espanto detiene la reflexión, la mina desde el principio, no deja que el objeto aparezca en toda su riqueza. Y, como lo decíamos al principio, es perfectamente comprensible el temor. Nadie aquí está diciendo que podamos deshacernos completamente de eso. Incluso al contrario, ir más allá del espanto significa enfrentar nuestros temores, más al estilo en que lo hace Freud, por ejemplo, Levi-Strauss o Deleuze y Guattari. Enfrentar el espanto y decir incluso lo que no quisiéramos decir, significa un esfuerzo. Escribir desde la confrontación como una posición política ante el espanto nos lleva a una sorprendernos a nosotrxs mismxs.

La tan conocida discusión entre quienes pueden separar el autor de la obra y quienes no, también tiene que ver con esta teoría del espanto. Separar la obra de Heidegger, por ejemplo, de su nazismo, significaría enfrentar el espanto que nos provoca conocer su historia de vida, saberlo traidor hasta de su maestro Husserl, un machista y conservador además. Pero dejar el espanto por un tiempo de lado, puede abrirnos a lo que nos quiere decir. Una vez más: nadie está diciendo aquí que se olvide el miedo para siempre, que se supere o de aniquile. Al contrario, hay que aprender a trabajar y a pensar con el miedo ahí al lado, como compañero de aventuras en el pensamiento. Conociendo los riesgos de la imaginación y el pensamiento podemos enfrentar al espanto; no eliminándolos de nuestra mente, sino asumiéndolos. 

Ir más allá de espanto significa dejar que hablen lxs otrxs, escucharles a pesar de todo, pese a que sus palabras puedan dañarnos hasta la médula. Este tipo de ejercicios hacen falta en épocas como la nuestra en que tanto nos espanta todo. Así, por más radical o extremista que pueda parecernos un planteamiento, nos lleva a darnos cuenta de que es mejor sacarlo a la luz y discutirlo en todo caso, que querer arremeterlo, esconderlo y exterminarlo. Las lecciones de la humanidad nos enseñan que cuando eso se intenta, terminan saliendo estas tendencias de las peores maneras. No solamente podríamos hablar aquí de acontecimientos históricos que implican sociedades enteras, sino que también sucede a nivel individual, y de eso nos dice mucho el psicoanálisis. Entonces la discusión ya no está en separar, o no, a la persona de su obra, sino en darnos cuenta de que precisamente era necesario que una persona tuviera este tipo de vida, este tipo de tendencias o inclinaciones, para hacernos ver cosas de las que lxs demás preferimos muchas veces escapar o hacer como que no existen o no nos afectan.

No se trata entonces de separar el autor de la obra ni tampoco de verlos tan irremediablemente unidos que no podamos siquiera acercarnos a la obra por miedo a ser atraídos o más aún prendidos por ella. Mientras que la primera posición nos puede llevar a ejercer precisamente un tipo de teoría despegada de la realidad sin cuerpo, sin sentimientos y que, por lo mismo, nos lleva a la imposición y el autoritarismo; la segunda nos lleva al espanto. Las dos son formas de conservadurismo al final. La primera es tradicionalmente aceptada y premiada por la academia y de su crítica ya se ha encargado la teoría decolonial, muchos feminismos y otras tendencias actuales. La segunda, por el contrario, va adquiriendo cada vez más potencia en este momento de la historia; y es comprensible. Sin embargo, precisamente por esto último es que hace falta una crítica del espanto hoy en día.

Es verdad que ir más allá del espanto puede llevarnos a lugares muy oscuros, incluso indeseables, peligrosos, dañinos, pero más vale dar cuenta al menos de su existencia a fin de colocarlos y sopesarlos en su justa medida precisamente. Hacer el esfuerzo por recibir lo que unx no quisiera vale la pena no solamente como un ejercicio lúdico o de imaginación. Es una potencia para el pensamiento y la acción. Ir más allá del espanto permite separarse, cuando es necesario, de las circunstancias actuales, de las situaciones concretas, de las condiciones espacio-temporales, de los mecanismos, dinámicas y dispositivos que actúan sobre el cuerpo y que pueden resultar paralizantes. Ir más allá del espanto es por un lado una labor que podría clasificarse como “mental” a un primer vistazo, es cierto, pero es al final una operación corporal, puesto que todas nuestra energías se destinan a superar el miedo que está inscrito en cada uno de nuestros órganos.

Del mismo modo, enfrentar el espanto tampoco tiene solamente consecuencias imaginarias o ilusorias. Conlleva cambios en las subjetividades, en los modos de vida, en las formas en que se confrontan las realidades más atroces. Pero, hay que decirlo, nos lleva también confrontar las leyes y las normas establecidas. Por el contrario, no sólo pensar, sino operar desde el espanto, puede llevar a un reforzamiento de los poderes actuales. Por ejemplo, puede llevarnos a la petición de justicia por parte de la autoridades o instituciones, y ya en los casos más extremos, a poderes metafísicos como divinidades anquilosadas u otras supercherías hechas para quitar más que dar potencia a quienes se adhieren a ellas. En cambio, enfrentar la vida más allá del espanto nos llevaría a darnos cuenta de que la justicia nunca puede ser llevada a cabo por la mano de ningún ser humano y menos aún por instancias que han mantenido el orden actual tal como es desde mucho tiempo atrás. Del mismo modo, nos conduciría a crear nuestros propios valores y formas superiores como guías para acciones específicas, si bien en dependencia de nuestras redes, fuera de toda jerarquía impuesta desde lugares no acordados explícitamente.

Pensar más allá del espanto es no solamente un regalo que tuvimos desde los orígenes de la filosofía en la cultura occidental, ha sido también el recurso que han usado brujos y chamanes de todo tipo, probando sustancias insospechadas del pensamiento con el fin de orientar a lxs otrxs. Puede tomar la forma de crítica, de ciencia, de arte, pero también de rituales, danzas, cantos… Ir más allá del espanto, es cierto, quizá no es una práctica común ni necesaria todo el tiempo. Pero puede ser la única salida en momentos de desesperación, de duelo, de ansias o de angustias sobrepasantes. Y hace falta también quien haga de esta práctica su profesión, comprendida no como carrera universitaria (aunque también puede ser), sino como su lugar de residencia imaginaria, su ethos. Desde estos lugares puede ofrecer al resto de nosotrxs un refugio o una fuga, dependiendo del caso.

Aunque es cierto que la filosofía tendría quizá este lugar privilegiado del pensamiento en la cultura occidental para poder separarse de todo e ir más allá del espanto, no toda filosofía lo logra. Menos aún sería justo equiparar la labor filosófica con aquello que se hace dentro de las academias filosóficas. Pensar más allá del espanto no es algo que compete sólo a algunos especialistas, al contrario, es un esfuerzo que cualquier persona puede procurar. Y quizá precisamente se trata en última instancia de una labor hacia unx mismx. Se acerca mucho a aquello que en algún otro tiempo fue llamado “espiritualidad”. Hoy en día, una teoría del espanto desarrollada desde una perspectiva disciplinaria podría ser conveniente aún con la frialdad y desapego que ello implica. Más aún, probablemente vale la pena rescatar esta categoría del “espanto” de los saberes populares (al menos en México) porque ese tipo de conocimiento arcano, al situarnos en otro tiempo, nos ayuda a no olvidar que más allá de nuestro pequeño mundo humano, y de todos nuestros tormentos personales, por más que parezcan insuperables, la vida –comprendida en sentido amplio– encontrará formas de prevalecer. A pesar de las circunstancias actuales aterradoras, posiblemente apocalípticas, confrontar estos malestares nos lanza a no olvidar que en realidad no somos tan importantes. Y aunque parezca paradójico, irónico o incluso contradictorio, reflexionar más allá del espanto puede ser una manera de supervivencia.

*Este texto es una continuación de una reflexión intermitente, la cual tiene un acercamiento previo en el escrito “Consideraciones sobre el espanto (primer esbozo)“.

**La imagen de portada de este artículo es un fragmento de la obra “El hombre vuelto loco por el miedo (Auto-retrato)” de Gustave Courbet, de 1844, y la reproducimos completa a continuación:

Categorías Pensamiento

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