Escrituras espectrales – Fólder 001

El texto que se encuentra a continuación es resultado de un experimento virtual del fanzine de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Fólder 001, un proyecto que desde el principio fue concebido bajo la particularidad de mantenerse siempre colectivo y anónimo. Frente a la escritura académica y rigurosa de cualquier instituto o grupo editorial, el Fólder 001 se propuso como una publicación independiente sin filtros ni predeterminaciones más que el papel y la tinta de una fotocopiadora. Todo es libre, no hay error porque no hay modelo a seguir o justamente por eso se va perdiendo la noción de error. Así, la ortografía, la buena gramática y sintaxis se encuentran con la espontaneidad, las imágenes, las interrupciones, los dedazos, los caprichos, etc. Siguiendo este sendero, para producir el texto que aquí se presenta sólo se generó un documento virtual dentro de un editor de textos en línea, de tal manera que cualquier persona con la dirección electrónica podría participar. La plataforma fue generada especialmente en respuesta a la convocatoria de “Escrituras bajo presión” para la revista PALABRIJES. Sin reglas de escritura ni de contenido en absoluto, cualquier persona fue libre de escribir y editar lo que deseara durante el tiempo en que la convocatoria se mantuvo abierta. Al cabo de ese tiempo, el texto pasó por un proceso de edición sucinta y bajo presión con el fin de que pudiera ser leído y conformado bajo las normas, políticas y plazos de publicación de la revista en cuestión. Es decir, se realizó un corte en el proceso de escritura, introduciéndole una forma “aceptable”. Sin embargo, por azares del destino el texto nunca salió a la luz, pues se traspapeló entre los archivos de a revista como un fantasma. Hoy en día, la plataforma sigue abierta como un umbral en el tiempo al cual se puede acceder en la siguiente dirección: https://pad.riseup.net/p/Ouija-keep. Quien entre no sólo puede modificar el texto nuevamente, sino también observar todos y cada uno de los cambios que tuvo el escrito desde su procreación.

COMENZAMOS LA SESIÓN ESPIRITISTA 

Nuestros invitados de hoy son: Hegel, Freud, Kant, Comte, todo el círculo de Viena, el recién fallecido Ch-Espíritu y una cruza entre Jodorowsky y Žižek (los ídolos de la juventud de hoy). 

Invocación No. 001

La destrucción en la escritura debe ser la destitución de la escritura por la escritura misma: Bienaventuradxs lxs perdedorxs porque de ellxs será el reino de los textxs. “Estoy perdido si no finjo estar perdido” decía Jean-Luc Godard. Escribir lo ausente, por no tratar con la presencia, ésa será nuestra tarea.

Invocación No. 002

Advertencia:

El siguiente escrito, al intentar dar cuenta de mis formas de escritura así como de lo que ésta significa o pretende significar, no puede quedar fuera de ella. Es decir, no podré hacer una meta-escritura de mi forma de escribir, para escribir hermosamente sobre el proceso mismo o bien hablar sobre una buena escritura que no lo pretende ni lo es, sino que desde su inmanencia se intentará dar cuenta de ella. Por lo que se advierten bruscos pasos de un espacio a otro según las oscilaciones de destrucción tan recurrentes en mi escribir. Además, las citas o argumentos no serán presentados de una manera ortodoxa, más bien serán esos jirones y ruinas que posesionados por el espíritu en cuestión terminan por destruir y deshabitar  el (des)escribir(me). “Ninguna idea brillante consigue ponerse en circulación si no es añadiendo a sí misma alguna elemento de estupidez” (Bernardo Soares).

Al igual que Alejandra Pizarnik cada vez que pienso en la escritura, pienso tristemente en el lenguaje ¿Para qué escribo? ¿Quiero comunicar algo, fundar algo?, ¿construir? No, se escribe diferente a como se piensa y se piensa diferente como se habla, ya lo escribía/pensaba/decía Kafka. (“Con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies sobre la hierba. Pero también con el silencio” (Herta Müller dixit). ¿Entonces para qué escribir si no hay armonía entre estos momentos? Escribir es la mayor ingenuidad, es un querer contener lo que se desborda de una manera poco común, justamente llevándolo al borde, saturando toda materialidad, todo margen. Sentido acechado, deseos de no escribir y por eso escribir, escribir para destruir la escritura, para merecer un espacio des-escrito. Por eso para mí la escritura no puede ser ni el medio, ni el espacio donde una conciencia, un yo, una razón o un sujeto construye, expresa o determina un mensaje o una conversación consigo mismo o con otros. No puede ser, porque ni la escritura ni el sujeto son uno y el mismo. Hablamos de escrituras, no de escritura. Las escrituras no son aliadas, ni herramientas pasivas que se encuentra esperando a ser tomadas, usadas, sino todo lo contrario, pura hostilidad, dinamismo que posesiona y destruye si no te defiendes de sus embates, de su (des)escribir. Choque de múltiples materialidades que al estar hechas de lija se destruyen unas a otras aun cuando te defiendes, cuando intentas escribir o dejar de escribir. Escritura automática que posesiona, vacía y llena de fantasmas, como en esas sesiones espiritistas del XVIII, donde todo escribir es un trabajo de médiums, de un mediador entre múltiples materialidades y múltiples escrituras chocando, desgastándose, limándose y posesionándose.

Escribir como médium o como poseído es siempre intentar habitar y destruir un “entre” que conecta y separa estas materialidades en continua destrucción (escrituras). Es un ubicarse en esa chispa que dos piedras al chocar forman. De ahí que no importa si se trata de puntas afiladas, o teclas planas o frágiles (la pantalla de los nuevos dispositivos), siempre serán objetos poseídos que mediarán y provocarán esa chispa, ese roce destructivo donde habita el escribir. Siempre se escribe sobre otra escritura, no existe la hoja en blanco lista para ser escrita, sedienta de escritura, falta de ella. Por eso, cualquier escondrijo, superficie o cuerpo es propicio para escribir, porque de hecho la gran mayoría ya está luchando por escribirme o por des-escribirse, yo mismo soy escrituras que se destruyen unas con otras. Porque para escribir no se necesita hacer gran cosa. Su comienzo siempre es involuntario, casi automático, viene de fuera, como un préstamo, como una trampa. Mi madre ya escribió sobre mi cuerpo. De ahí en adelante, todo es contagio de cuerpo a cuerpo, de materialidad en materialidad. Es ese movimiento de materialidades oscilantes que, al ir colocando algunos hitos, al engañarnos que no escribimos sino que hacemos otra cosa como dibujar o llevar a una superficie pensamientos, va creando un bosquejo para luego de mucho frotar la chispa sobreviene y todo se prende y toma forma. Como un tornillo que después de mucho morder y morder la pared, por fin, puede atornillarse. 

Escribir se convierte entonces en un continuo relevo, de préstamo y destrucción, pero ¿destrucción de qué? Destrucción de todo lo que sea llevado a la escritura y de la escritura misma. Barthes escribe que en “la palabra todo está ofrecido, destinado a un inmediato desgaste, y el verbo, el silencio y su movimiento, son lanzados a un sentido abolido. Es una transferencia sin huella.” Un continuo arrastrar y chocar de las personas que escriben (nunca es la misma aún siendo uno). Ya no se escribe más, pero algo sigue escribiendo y nos observa convertirnos en escritura. Destrucción de la escritura en la escritura que al ponernos al margen de ese ejercicio de domesticación entre forma y objeto termina por destruirse y destruirme como cuerpo escrito. De esto resulta que mi escribirme nunca podrá ser un ejercicio solitario que solamente me incumba a mí, siempre será un juego donde la misma escritura (dentro y fuera de mí) se apuesta; porque no se trata de conservar, sino de destruir.

Evito escribir lo más que puedo. Entonces escribo por ausencia, escribo al no escribir, como si esta aparente toma de postura llena de autarquía no fuera ya un efecto de la escritura y por eso mismo escritura; “como si fuera un signo de la pasividad, un recurso de la desdicha. Cuántos esfuerzos para no escribir, para que, escribiendo, no escriba pese a todo” (Blanchot). Resulta en este aparente “no escribir” otra intensidad destructiva, un cambio de escrituras. Ahí donde las palabras dejan de ser armas o medios de acción entra una escritura de lo que no se escribe, que “tenga o no tenga lugar” continúa minando mi materialidad. Esta vez en el desconcierto, en la separación. Se acerca el peligro que la destrucciòn (la escritura) se torne en sentido en vez de cuerpo. Y entonces vuelvo a escribir para no (des)escribir(me) porque al final de cuentas “Nadie escribe bien. Los optimistas escriben mal, pero los pesimistas no escriben. Guardar silencio, esto lo queremos todos, sin saberlo, escribiendo” (Blanchot).

Invocación No. 1993

– La filosofía es el arte de lxs realmente pobres y mal nacidxs.

– Vamos a reescribir la Fenomenología para adolescentes posmodernxs disléxicxs y autistas. La línea conductora de la conciencia infantil-disléxico-autista es la sucesión utopía-distopía-heterotopía.

– Mejor salgamos a la calle con un megáfono hecho de cartulina y entonces discutamos como los griegos, los latinos, los ambulantes y los manifestantes, porque de todas maneras la cultura se juega en todas partes. 

Invocación No. 004

Sueño primero sobre el suicidio: Soñé que me encontraba con Virginia Woolf en las aguas de un río. Ambos nos sumergíamos. Ella parecía hacerlo bajo el peso de su propia voluntad. Las palabras —esto es, todas las palabras— la habían abandonado para siempre. Sólo se oían burbujas. De pronto, la corriente se apoderó de mí. Al final del sueño ella se hundió y yo emergí hacia la superficie, con una existencia completamente vacía frente a mí.

Invocación No. 005

Escribir es un ejercicio absurdo en una época en la cual el sentido de la vida ha sido violado por una realidad que, al mostrársenos desenmascarada, nos revela que nunca estuvo ahí. A partir de esto, no sólo el escribir, sino leer, escuchar, hablar, vivir, se vuelven juegos estúpidos que si no han desaparecido es porque se nos han convertido en adicciones. Es eso entonces, la adicción a existir, lo que en este momento me condena a seguir escribiendo este texto idiota que va a ser leído de manera imbécil por otro adicto, adicto a la nada, igual que yo, a la nada de la realidad. Si dejas de leer esto en este momento estás perdido, pero si no lo haces estarás peor aún, estarás leyendo a alguien perdido. Así que por favor deja de leer esto. Es lo mejor para lxs dos. Si sigues leyendo estaremos unidos en la complicidad del sinsentido, pero si ya has terminado has quedado involucrado en la coartada de la realidad, porque ya no hay marcha atrás: tu salvación no es más que tu perdición.

Se podría escribir de todo, incluso lo que no se puede escribir también es posible escribirlo. En esa doble cara del vacío jugamos a vivir. Nos masturbamos en la nada y lo gozamos mucho, porque ya es lo único que nos queda, y eyaculamos realidad a cada momento, una realidad espesa que nos absorbe y nos hace sentir tan vivos que nos ahogamos hasta estar muertos en vida. Y no es un simple juego de palabras, es más real que lo real y lo es aún más cuando creemos que no es así. Cuando pensamos en algo lo destruimos, lo destruimos como posibilidad. Ahora ya es realidad, pero aún así no es más real que aquello que ni siquiera hemos pensado, que al mismo tiempo es eso que dirige nuestras vidas: se podría escribir de todo y aún así estarías perdido. “Todo cuanto en mí es valioso precede sin excepción de más allá de mí, y viene, no como don, sino como préstamo que debe ser renovado sin cesar” (Simone Weil). 

Seguir escribiendo no tiene sentido, como seguir leyendo tampoco, pero ¿acaso algo tiene sentido en esta vida? No y esa no es una razón para morir, como tampoco para dejar de escribir estupideces. Si lo fuera ya estarías muerto, al menos más de lo que estás ahora; ése es el problema: que aún tenemos un pretexto, por increíblemente estúpido que parezca, para vivir: morir. Vivimos para morir y sobrevaloramos la muerte al grado de que dirige todas nuestras acciones, pero la muerte no es otra cosa que la misma vida, porque de no estar vivos no conoceríamos la muerte. Secuestradxs por nuestra razón intentamos darle un sentido a la vida, pero no son más que patadas de ahogadx, porque ya estás muertx.

En esta adicción por la existencia tanto escribir como leer, y todo lo demás, ya no son pretextos para vivir, ni para morir, ni para nada, sólo son consecuencias inexorables, desperdicios de existencia. No importa lo que hagamos, ni lo que pensemos, ni lo que vivamos, de cualquier forma la serpiente que se muerde la cola ha llegado hasta la cabeza y está a punto de desaparecer. Será entonces cuando todos los escritos y las ideas tendrán sentido, pero no antes, no antes de morir. Afortunadamente no tendremos oportunidad de ver ese fenómeno, porque ni siquiera existe la posibilidad, y si existía la acabo de matar. 

Invocación No. 006

Sueño segundo sobre el suicidio: ¿Cómo se comporta unx sobreviviente de la escritura? Probablemente no se mueve de donde está durante horas o días o semanas; vueltx una roca que lo único que puede hacer es observar las ruinas y, más allá de las ruinas, un horizonte que antes no existía; y, más allá del horizonte, el vacío. Quizás se lanza al mar de las letras y no sale hasta que todo parece estar tranquilo. Aunque lo más probable es que, sin preguntárselo dos veces, busque cómo ayudar. Así que más bien no, no me parezco en nada a ningunx sobreviviente de la escritura. Tal vez simplemente se trate de una pesadilla recurrente que olvido al despertar; tal vez no sueño nada y lo que recuerdo al despertar es una oscuridad uniforme y sin límites. Seguramente exagero. Seguramente sólo estoy cansadx. Aunque, ¿cansadx de qué?

Invocación No. 007

Archivo o cocina de escrituras bajo presi-on (off)

Escrituras de ruptura

La escritura bajo presión es una escritura sin alma y sin cabeza. Escribir bajo presión es dejar que la carne se escriba a sí misma: sólo seremos el espacio atravesado por ella. La escritura bajo presión es nuestra vida invertida: aparecemos como condición de posibilidad de la carne. Pero, ¿qué carne deseamos?

 Ejercicio espiritista: un trauma inicial

 1. Junte toda su disposición para convertirse en un fantasma.

 2. Tome su arma redacto-punzante más cercana.

 3. Ubique la mano con la que escribe: no la use, déjese llevar por el espíritu que lo posee, use la otra.

 4. Escriba “el mundo al revés” al revés.

 5. Si siente en su cabeza un debate entre la conciencia y sus fantasmas inconscientes, use la respiración como fuente de invocación.

Pero si hay espíritu, alma, puede explotar, entonces ¡que explote! Y que salga por todos los agujeros del cuerpo en forma de sonidos o palabras. Se llamara “Archivo” al conjunto de reglas que rigen en cada uno de estos cuatro niveles: objetos, sujetos, conceptos y estrategias; así como también a la production de enunciados que hace posible la constitución de las formaciones discursivas bajo presión (aún falta definir presión).

(Aún no sé si plantearlo como pregunta o afirmación) (¿)Se puede escribir para no formar una unidad; es decir para no formar escritura, transmitir un mensaje o generar un dispositivo: autor, libro, texto…(?)

De aquí se deduce el valor y uso de la escritura. LAS UNIDADES DEL DISCURSO (EL VAPOR QUE GENERA LA PRESIÓN): Una operación de sublimación, de conversión de lo sólido en gaseoso sin pasar por el estado líquido; y, al mismo tiempo, una operación artística donde, en lugar de evaporar, se concretan, se solidifican los dolores del mundo. Ambas operaciones son resultado de una presión: presión física y presión social, una material y una fantasmal. De ellas, cualquier cosa puede salir.

(¿)TODO PUEDE SER DICHO(?)

No todo puede ser dicho, y los límites nos permiten capturar lo que sí. La historia de la escritura es la historia del intento por decirlo todo y no lograrlo jamás. Lo escrito siempre es una manifestación de identidad-diferencia (identidad en su forma negativa pero identidad bajo la figura del otro) o exterioridad indefinida pero limitada por su relación con la individualidad (totalidad  modulada). Las formas de acumulación, o economías de la escritura, pretenden dar cuenta, bajo figuras del dispositivo, de una riqueza o un valor cuantificable de la cultura o humanidad. Una ruina de la escritura es un saqueo a las arcas de la humanidad y la cultura. Una escritura del desastre es necesaria en estos tiempos de muerte.

¿Cualquier combinación de letras constituye un enunciado y cualquier conjunto de enunciados da lugar a una formación discursiva?

Aquí una tesis: De qué presión estamos hablando cuando se toca el campo de la escritura, si ni los objetos ni las modalidades enunciativas ni los conceptos ni las estrategias discursivas preceden a los discursos. A1 contrario, se forman dentro de ellos en la medida en que responden a la regularidad de sus condiciones de existencia. Entonces ninguna presión exterior o interior subyace a una nueva generación de escrituras. La escritura es la que presiona y nos hace emerger.

Las palabras son cosas y las cosas palabras. Al no poder creer en la realidad de las cosas, las nombro y luego creo en sus nombres: el nombre se vuelve real y la cosa nombrada es el fantasma del nombre. 

Invocación 8439005648888000000010101010001110

(último aliento de la máquina)

Yo no he leído casi absolutamente nada de lo que escribieron los habitantes de la humanidad antes de mí por pereza, pero aún así, sé que esos discursos me han atravesado y me han violado, pues ellos me dieron tan sólo la posibilidad de enunciar algo como lo hago ahora (es decir, intuimos todo, es una escritura espiritista). Van a quitar mi participación en este mundo. No es nada. Es poco. No sirve. Soy breve porque soy un eyaculador precoz. No tengo nada que decir, pero sí mucho que callar, y al quedarme callado lo digo todo. No tengo educación como aquellos que dicen que escriben pero que no escriben nada. Si algo le debemos al cristianismo es que siempre tiene un referente concreto, pues bien sabe que fuimos arrojados y que nos tenemos a nosotros mismos; que la salvación estará en la comunidad cristiana. Pero para saber eso hay que leer las escrituras en griego y retomar a Pablo, Paco y Luis, dejar de lado el ateísmo de memes y estudiar ebrio. Si el capitalismo es una religión como decía el Benjamin y toda política es una teología, esto no se salvará ni encontrará redención más que en otra religión. Este juego insensato de escribir (lástima que esté escrito en primera persona, si queremos destruir la propiedad privada tenemos que quemar todos los diarios y enseñar a escribir únicamente en tercera persona).  ”Entre lo que veo y digo, entre lo que digo y callo, entre lo que callo y sueño, entre lo que sueño y olvido, (…) entre el sí y el no” (Octavio Paz). Sigamos el ejemplo de Thomas Chatterton o de la escritura automática de la señora Pearl Curran. Que la escritura sea la muerte del sujeto, que advenga como la estrategia de su disolución efectiva en la anonimidad de la carne sin límite de un mundo. Reconocerse a sí mismo como un otro: esta disolución es la singularidad que soñamos, sólo a partir de la cual (algo así como) la revolución será posible.

Categorías Filias, Pensamiento

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