El último grito de la filosofía

Como muchas veces lo hemos sostenido, la filosofía es la próxima gran moda, y con ello viene todo lo emparentado con sus efectos. Así, la filosofía no solamente se vuelve cosa de profesionales, sino que se acerca a la cultura popular, pero no lo hace sino con un toque de clasismo también. Comienza a haber diferencias entre los que están al tanto del último grito de la filosofía y los que se han quedado rezagados leyendo a autores de décadas pasadas. Comienza a haber grupúsculos de intelectuales que se creen con el poder de determinar las nuevas tendencias y se vuelven jueces de quiénes sí cumplen con los parámetros necesarios para pertenecer y quiénes no. Estar al último grito de la filosofía significa entonces estar al pendiente de las últimas publicaciones de los autores de moda, o estar de los últimos autores más reconocidos en el medio. Las consecuencias de esto, por supuesto, son obvias. Un autor puede ponerse de moda durante un tiempo y pronto dejar de estarlo, al cabo de unas cuantas semanas. La filosofía se vuelve una especie de competencia, una cuestión de atención mediática.

¿Qué es lo que tanto pueden decir estos nuevos filósofos a la moda? Quizá no dicen otra cosa que lo que siempre se ha dicho, pero lo dicen con estilo. Los filósofos de moda comienzan a buscar su propio lenguaje que sólo puede ser compartido con quienes los han leído o pertenecen a ciertos círculos. Así, por ejemplo, proponen cada vez más conceptos nuevos como combinaciones de palabras, al estilo posmoderno, pero llegando a una exacerbación que, no es que no digan ya nada, sino que lo que dicen es compartido por muy pocos y está destinado a ser superado prontamente. Así por ejemplo, de los términos ya clásicos de biopolítica, anatomopolítica y biopoder, todos los cuales pueden ser atribuidos a Michel Foucault, ahora ya contamos con una gran cantidad de términos derivados como necropolítica, necropoder, psicopolítica, cosmopolítica, entre otros. Pero advirtámoslo bien, esto no se trata de una queja acerca de la invención de términos o de que ahora cualquiera pueda hacerlo. Se trata de señalar solamente los efectos que esto puede tener hacia el mundo de la filosofía contemporánea, y sobre todo hacia el de la cultura popular. Efectivamente, cada uno de los conceptos mencionados antes tiene un sentido. Y sólo hace falta leer a los autores que los proponen para comprenderlos. No es una cosa difícil si uno comprende el contexto desde el que se habla. El peligro, para algunos, más bien sería que de pronto se vuelve imposible conocer y estar al tanto de todos los términos que se inventan cada día por parte de los filósofos contemporáneos. Se vuelve una tarea exhaustiva conocerlo todo. Pues bien, sean bienvenidos a la era de la filosofía como moda.

Una vez más, esto no es una denuncia moralista acerca de que la filosofía como moda va a acabar con la “verdadera filosofía” o algo similar. Al contrario, se trata esto más de una propuesta para que abracemos a la filosofía como moda, ya que nosotros mismos somos hijos de ella. Si no fuera porque la filosofía se está poniendo de moda, es muy probable que estaríamos perdidos en otras modas de cualquier forma. La moda no es algo de lo cual haya que huir, sobre todo porque entre más intentes huir, más te persigue. Y estés o no a la moda, de cualquier manera la moda va a seguir su curso con o sin ti. El problema de la espectucalirazión de la filosofía no sería el de su banalización, sino el de su posible auratización. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, la filosofía en la época de su viralización digital representa también la oportunidad para apropiárnosla, y es eso a lo que quisiéramos convocar aquí.

Es verdad que la filosofía todavía no se vuelve una gran industria, pues al tratarse de un producto inmaterial, se ha vuelto un tanto difícil sacar beneficios económicos directos del pensamiento. Sin embargo, lo sabemos, el capital va a encontrar las formas. Por ahora se sostiene aún bajo viejas industrias como la del libro u otras relacionadas más con la información en general, por ejemplo, todo lo que se pueda hacer con internet para vender cursos, datos, servicios, etc. No obstante, una industria que explote a la filosofía y que desarrolle técnicas especializadas en este tópico exclusivamente, todavía está por verse. ¡Los estamos esperando, capitalistas del pensamiento, y no les tememos! Vamos a piratear la filosofía como lo hemos hecho con todo. Vamos a hackearla y a venderla en el mercado negro del pensamiento. Vamos a crear nuestras propias formas de hacer filosofía sin pedirle permiso a nadie, sin pagar impuestos por hacerlo. A la vez, vamos a lanzar piedras conceptuales a los aparadores de la sabiduría absoluta; vamos a poner bombas teoréticas en sus fábricas de ideas alienadoras de cerebros. Vamos a ser una insurgencia militante del pensamiento resistiendo desde nuestra propia cabeza, pero conectándonos con los otros a través de un cuerpo común, como una hidra.

Categorías Espectáculo, Filias, Filosofía, Pensamiento

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