Tres anotaciones para pensar la moda de la filosofía

1. Moda y filosofía

Antes que nada hay que hacer una breves precisiones. No es lo mismo decir que la filosofía está de moda a que la filosofía tenga o experimente modas. La primera nos habla de una condición presente de la filosofía a nivel masivo y global que no había tenido antes. La segunda no dice nada nuevo, pues al interior de la filosofía ha habido siempre cambios de orientaciones, términos, ideales, autores más citados que otros, etc. De igual manera, no es lo mismo hablar de moda de la filosofía que de filosofía de la moda. La primera, una vez más, se refiere al fenómeno contemporáneo de demanda filosófica alrededor del mundo y la segunda se refiere a los supuestos que siempre han acompañado al mundo de la moda, se hagan explícitos o no, se vean modificados o no. Aunque estas aclaraciones puedan parecer evidentes, en ocasiones se confunden y no permiten reflexionar nítidamente sobre el movimiento social actual que nos toca vivir.

Que se ponga de moda la filosofía, ya lo hemos dicho, tiene partes positivas y otras negativas, como todo. Pero la preocupación no debería girar en torno a si la calidad de la filosofía vaya a bajar a causa de esto, pues la calidad no es algo medible en filosofía. Lo que podríamos decir, más bien, es que bajo un análisis especulativo de las consecuencias, deduciríamos que si asumimos que es propio de la filosofía la crítica, y ésta se adopta como moda, entonces volverá a sus escuchas críticos con su propia condición de consumidores, ya que el hecho de que la filosofía se adopte como moda no clausura ni cierra su potencia crítica, a diferencia de otros productos culturales que sí son “absorbidos” por el mercado. No obstante, bajo un análisis más profundo quizá podríamos cuestionar el hecho de que se pueda ser crítico hacia el propio consumo de la filosofía, más bien caeríamos en la paradoja de que entre más crítico seas más mainstream te vuelves. Esto les pasó a las Vanguardias y a la música en la segunda mitad del s. xx. Criticar el propio consumo puede volverse una forma de consumo, aunque todavía no sabemos cómo sucederá exactamente en el caso de la filosofía, pero para eso están trabajando nuestros esclavos capitalistas.

¿Qué caracteriza a la moda? La moda es siempre crítica, de hecho la moda es la más critica. Pone en crisis un estado para pasar a otro. La moda se nutre principalmente de la crítica. Por eso la filosofía es la última gran moda, porque es la esfera más alta que ha dado la humanidad. No sabemos si será la última en el sentido de que no habrá más, pero al menos es la última en el sentido de la más reciente. Aunque pueda parecer que esto hace referencia únicamente a un relato único, occidental y colonial de la historia, justamente es probable que sea la última fase en este mundo unificado por la colonialidad. Así como hay activistas y artistas regionales, quizá todavía falta el desarrollo de filosofías regionales, una filosofía menos apegada a la especulación y más a la situación. Frente a la automatización, la filosofía puede llegar a ser una herramienta para fugarse, pero ya no a un mundo de las ideas único y compartido por todos, sino singular y generado en contexto. Podríamos temer que con la moda de la filosofía se perdiera el rigor en su ejercicio. Sin embargo, es necesario aclarar que hay dos formas de comprender el rigor, una es como deseo incansable e insatisfecho por naturaleza que no descansa jamás y la otra es como un criterio de calidad. La primera es imposible de detener, la segunda nos importa un carajo si se acaba. A veces son incompatibles éstas, otras no.

2. La moda en la larga duración

Regularmente se piensa la moda como algo efímero, pasajero, de poca duración. Incluso se usa el término para denostar tendencias que pueden no tener un impacto considerable en la sociedad o en el pensamiento. La moda, eso es verdad, es un fenómeno que está inevitablemente unido al tiempo. Es decir, hablar de que algo está de moda significa que antes no estuvo de moda y que algún día va a dejar de estarlo. Y, sin embargo, descrito así, la moda no es sino una característica de todo lo que existe. La moda entonces es una condición ontológica. Todo, absolutamente todo lo que conocemos un día no estuvo y un día dejará de estar. Las únicas dos concepciones del tiempo que podrían superar a la moda como condición ontológica serían: 1) creer que hay cosas eternas, fundamentos, esencias; o 2) creer que hay un progreso, una evolución, una línea ascendente del tiempo que no retorna jamás sino que siempre va hacia adelante. Bajo esta última idea, la moda si acaso, podría ser considerada como algo intermedio, algo momentáneo, sí, pero como parte de una narración más extensa. Es decir, los fenómenos de la moda se verían así no solamente como caprichos del tiempo, sino como algo necesario en el camino hacia la prosperidad. No obstante, aún con que concibiéramos de esta manera el devenir, la condición de lo perecedero nos regresa a la moda. Puede ser que haya modas que duren dos siglos como el Renacimiento o varios más como el cristianismo, incluso muchos más como el monoteísmo, sin embargo, todo es moda. Todo está sujeto al paso del tiempo, al olvido, a la aniquilación, la muerte.

Como el nombre lo dice, la moda no es sino el femenino de “modo”, su contraparte. Es extraño que podamos concebir distintos modos de ver el mundo o de experimentarlo sin reparo, pero cuando hablamos de moda hay un reclamo, un rechazo tácito, velado; muy probablemente sostenido en una concepción patriarcal impregnada en el lenguaje. Si seguimos a Spinoza, los modos de la sustancia son estados de la misma que no son causa de sí. En los modos se expresa la infinita multiplicidad de las cosas y sus cualidades transitorias. En otras palabras, la fugacidad e insignificancia de los modos es inexorable, pero a pesar de ello, a diferencia del término “modo”, el de moda nos recuerda una parte muy específica de nuestra existencia: la finitud, la vanidad y la banalidad. Es decir, nos hace dar cuenta de que todo modo está sujeto al paso del tiempo y que en última instancia no nos queda más que disfrutar el momento presente. Quizá por eso hay un rechazo a la moda, porque duele. Nos cuesta trabajo aceptar que todo tiene un fin y muy probablemente no sirve a ningún relato mayor. No habría un meta-relato de la moda. En todo caso sólo podemos englobar modas más pequeñas dentro de otras más grandes. La humanidad misma sería una moda pasajera del Universo que se va a perder entre las millones de posibilidades de la existencia de las cosas. 

3. Superar la superación de la metafísica

Como sabemos, el filósofo Martin Heidegger se proponía superar la metafísica y abrir paso a una filosofía basada en la pregunta por el ser. Sin embargo, también hacia algunas advertencias. Decía que la superación de la metafísica llevaría más tiempo que lo que duró la metafísica. Para él, la superación de la metafísica conllevaba también la sustitución de la filosofía por la antropología y más que una superación, en el sentido de progreso, sería una consolidación y olvido de las preguntas metafísicas en pro de una metafísica inherente a cualquier discurso. Aunque tal como lo vemos ahora es probable que podamos estar de acuerdo con Heidegger, no sabemos si tenía completa razón en su profecía. Pero si así fuera, querría decir que nos acercamos a una era de oscuridad, en la que no seremos más capaces de cuestionar nuestros propios supuestos compartidos como humanidad (evidentemente comenzando por el supuesto de que existe algo llamado “humanidad”). Así, se dejarían atrás las teorías generales y se pasaría a la recolección de datos particulares, olvidando por completo la posibilidad de que replantear la comprensión del mundo en su totalidad. Esto sería un aniquilamiento de la filosofía como disciplina de lo especulativo, pues cualquier intento por separase del mundo ya dado y aceptado sería invalidado, tomado como un delirio o en el peor de los casos, ni siquiera posible. Ahora bien, si Heidegger no tuviera razón, probablemente este tipo de superación de la metafísica es sólo un paso más en la historia de la filosofía y puede que no dure mucho. Pronto, quizá nos daríamos cuenta de que en realidad nunca pudo ser superada la metafísica y volvamos a especular en esos altos niveles. Es posible que eso de superar la metafísica no sea sino sólo una moda, una que comenzó en la Ilustración y no sabemos cuándo va a terminar. 

Nietzsche comenzaba El anticristo diciendo que las reflexiones ahí presentadas serían comprendidas por individuos quizá 100 años después. Y tenía razón en gran medida. No podemos negar que todo el siglo XX estuvo marcado por una tendencia al nihilismo en muchas de sus formas, tanto activo como pasivo. No podemos negar tampoco que la figura del Dios cristiano, con todas sus implicaciones no sólo religiosas sino de la caída de una verdad universal y separada del mundo, también fue parte de este cambio y sobre todo para finales del siglo XX ya se había hecho evidente una transformación de la cultura casi en su totalidad. Lo que se hizo llamar “posmodernidad” fue en gran medida una asunción nietzscheana del mundo. Pero hay que agregar algo más a todo esto. El siglo XX ya terminó y aquellos lectores para los que Nietzsche escribía ya están muriendo también, junto con sus teorías y formas de ver el mundo. Ahora nos toca a nosotrxs pensar el nuevo mundo. Lo anterior no quiere decir, por supuesto, que debamos olvidar a Nietzsche. Al contrario, querría decir que debemos tener muy bien presente nuestro pasado reciente marcado por un nihilismo generalizado para dar cuenta de que más allá de ello hay muchas más opciones que apenas comienzan a abrirse. Ahora bien, no se trata de regresar a la metafísica, al menos no de la misma manera en que es concebida por la cultura occidental hasta ahora. No se trata de revivir el realismo, como lo pretenden algunos, por ejemplo. Más bien podría ser que se abra la posibilidad de que concebir la vida en su totalidad de otras maneras. En otras palabras, Nietzsche ya está pasando de moda, pero eso no quiere decir que no pueda ser reciclado en el futuro.

La filosofía como moda tiene dos caras, en este sentido. Por un lado nos abre la posibilidad a que la superación de la metafísica sea únicamente una moda de temporada (no importando que esta temporada pueda durar varios siglos o acabe mañana). Y así pronto la metafísica, como parte esencial de la filosofía, estará de regreso próximamente. Por otro lado, sin embargo, es probable que el fenómeno mismo de la filosofía como moda sea parte de la superación de la metafísica. Es decir, sería la moda y los fenómenos temporales los que se imponen por encima de cualquier postura o desarrollo filosófico. Así, por más esfuerzos que la filosofía pueda hacer para poner en cuestión las bases de la cosmovisión general de la actualidad, no puede ir más allá de sí misma. El argumento se vuelve recursivo y trucoso para sí mismo. La paradoja está en que la única forma de superar la superación de la metafísica es no intentar superarla. Pero antes de caer en paranoias, pensemos otra opción: quizá el tiempo del que Heidegger hablaba, aquél de la superación de la metafísica que es más extenso que toda la historia de la metafísica misma, no es un tiempo cronológico, sino un espacio temporal que no tiene nada que ver con lo que marcan los relojes o los calendarios. El tiempo de la superación de la metafísica y de la metafísica está en otro estatuto ontológico, el de la eternidad y el acontecimiento. Vista así, la superación de la metafísica es una alternativa que permanece abierta todo el tiempo, algo así como el tiempo mesiánico en Benjamin. Lo que nos tocaría preguntarnos entonces es si la moda de la filosofía que estamos viviendo va a impulsar más o va a impedir más esta superación. O, en todo caso, más que meramente cuestionárnoslo, se tratará de tomar posición en esa disputa.

Apéndice sobre la juventud y la moda de la filosofía

La juventud fue un invento del siglo XX, sirvió para fines comerciales principalmente durante la segunda mitad de este siglo, sin embargo, está en decadencia. Eso no quiere decir que lxs jóvenes actuales sean decadentes, no, es la etiqueta la que está en decadencia. Lxs jóvenes siguen siendo parte de la energía a explotar. Ahora hace falta crear otra categoría para abarcar a una población que no es adulta, pero tampoco joven ni niños, y sin embargo comparten cosas de todos los anteriores. Son adultxs que prolongan su juventud tanto que comienzan a regresar a su infancia. La filosofía por su parte es ya una industria, pero no es una industria que se pueda vender tan fácilmente. Más bien, al igual que la juventud, la filosofía se vale de todas las demás industrias para mantenerse viva, sirve como base firme a todas ellas para que puedan ejercer su influencia y, sin embargo, pasa quizá desapercibida. La juventud está muerta, y en su lugar ha llegado la filosofía. Lxs filósofxs, como sabemos, son aquellxs que carecen de edad. Son aquellxs que puede pasar por encima de cualquier imperativo social, poniendo en suspenso todos nuestros prejuicios y supuestos para comenzar a pensar todo desde el principio. Ese privilegio lo pueden tener lxs niñxs, pero también lo tuvieron lxs jóvenes en el siglo XX, lxs viejxs en todos los tiempos, pero ahora especialmente se ha diseminado en todo el periodo de la vida. Tendremos que hacernos cargo de ello.

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