El problema de la contemporaneidad en arte y filosofía

Hace falta hacer una diferencia entre el arte contemporáneo y la filosofía contemporánea. Están en realidad muy cerca uno de la otra, sin embargo, el primero de los dos se encuentra mucho más elaborado y desarrollado como concepto aislado y particular, mientras que la segunda se hace más difícil de asir o de catalogar como tal. Se ha dicho, por ejemplo, que el arte contemporáneo inicia alrededor de la década de los 60 del siglo pasado con un gesto warholiano, algunos otros lo podrían extender un poco más hacia la década de los 10 con Marcel Duchamp. Aunque es una variación bastante amplia, no hay una cosa como tal en la filosofía. Esta clasificación o división temporal en el arte, por supuesto, ha traído una serie de cuestiones y aporías que no han sido resueltas del todo, y quizá no puedan serlo. Y esto se debe a los problemas que acarrea una comprensión temporal o contingente de un concepto o una idea que se ha creído universal, como lo es la idea del arte. De pronto, ponerle una temporalidad, y con ello no sólo un nacimiento sino también una caducidad latente a cierto tipo de arte, conlleva una ruptura con la metafísica del concepto general de arte. La categoría de “arte contemporáneo” se vuelve entonces no sólo algo ambiguo y problemático, sino incluso chocante para algunos.

Al menos hay tres formas de entender abstractamente el arte contemporáneo: 1) arte contemporáneo como arte hecho en el presente; 2) arte contemporáneo como arte que dice algo sobre nuestra actualidad, sin importar el tiempo en que fue producido; 3) arte contemporáneo como arte que sobrepasa todas las categorías antes existentes del arte y se convierte en algo tan inclasificable que no queda más que hacerle una categoría aparte. Habría también una jerarquía y una brecha grande o pequeña entre cada una de estas definiciones del arte contemporáneo. Podrían hacerse muchas más divisiones y acomodarse de diferentes formas. Pero la tensión básica se encontraría entre los dos polos de esta clasificación, entre la primera y la última definición. Se trata del peso que se le puede dar tanto al arte como al tiempo. Si supeditamos el arte al tiempo, entonces tendremos la primera identificación, si supeditamos el tiempo al arte entonces tendremos la última. Sea como sea, la etiqueta de “arte contemporáneo” ha podido desarrollar este campo de discusión y debate, y lo ha transformado incluso en una gran cantidad de derivaciones. Le ha sacado provecho. Se han hecho instituciones de todo tipo con la etiqueta de “arte contemporáneo”.

Dejemos por ahora la descripción del campo del arte contemporáneo y pasemos al de la filosofía contemporánea. A simple vista, podemos percibir que el problema básico sería el mismo: cómo subsumir un concepto supuestamente universal a una temporalidad específica. Pero en filosofía, a diferencia del arte, quizá es más difícil notar el paso del tiempo. Hoy mismo son discutidos conceptos platónicos en las universidades como si tuvieran la misma fuerza y vigencia que en su momento tuvieron, y quizá la tienen. Es mucho más difícil observar o medir el paso del tiempo en un producto filosófico como lo es una idea, que en muchos productos artísticos, una construcción arquitectónica, una escultura, una pintura, por ejemplo. La música, se podría decir, se salva un poco de ese paso del tiempo, pues no es un producto material que se hace de una vez y para siempre, sino que se actualiza cada vez que se ejecuta. Sin embargo, la música también está determinada por la notación de su tiempo o incluso por los instrumentos o tecnologías que le dieron lugar. En la filosofía, pareciera, no podemos hacer eso si pensamos que se trata de ideas que no dependen de las sociedades que les dieron emergencia.

Una salida, ya bien desarrollada en la actualidad, a esta dificultad podría ser equiparar la filosofía ya no con las ideas que genera, sino con los textos. Así, antes que la idea, siempre habría que remitirnos al texto, y comprender entonces que no existe la idea separada del texto que le dio cabida. Bajo esta premisa se deja de lado la metafísica de la idea y la filosofía se convierte en una disciplina del texto. Hoy las academias han comprendido muy bien esto, tanto que lo han llevado a su máxima expresión cuando los investigadores especializados ya no discuten nada que tenga que ver con otra cosa que no sea la relación de un texto con otro. El consuelo muchas veces es que, en un sentido amplio, todo puede ser comprendido como texto. Así, todo se vuelve digno una vez más de ser tratado por la filosofía. La transición que se provoca de inmediato es que, a diferencia de la filosofía ideática, ésta se apega siempre e inevitablemente a la historia. Podríamos equiparar historia de la filosofía con la del arte en el sentido de que las ideas también siempre han necesitado de una sociedad específica que les dé cabida, las trate, las mantenga y las herede, ya sea a partir de tradiciones orales, escritas o por otros medios. Aquello que en filosofía se ha hecho llamar “texto” podría muy bien quedar asimilado en la categoría de “arte”. En este punto, quizá es donde arte contemporáneo y filosofía contemporánea podrían unirse, al menos para la comprensión de los problemas que ambas enfrentan.

Como ya hemos dicho en otro lugar, para Occidente, la filosofía y el arte son las dos esferas más altas de la cultura, es decir, la filosofía como el pensamiento por el pensamiento mismo y el arte como el hacer por el hacer mismo. Sin embargo, el arte contemporáneo ha llegado a un grado de desarrollo tan alto que se funde con la filosofía. Se ha instaurado ya como un tipo de práctica muy específica y obtiene así el reconocimiento y apoyo de muchas instituciones sociales que van desde la academia hasta el gobierno, pasando por la empresa por supuesto. Ahora bien, esta práctica quizá habría de ser superada o al menos emparejada junto con una filosofía que realice exactamente la misma operación pero en sentido inverso, es decir, una filosofía tan desarrollada que se vuelva arte. Éste ha sido, de hecho, el sueño de toda filosofía, pero, como sabemos, ha sucedido todo lo contrario, que se ha quedado en mera teoría e idealizaciones. Para llevar a cabo este proyecto, como primer paso, al menos tendríamos que hacer reconocer esta nueva derivación como un desarrollo de la filosofía que actualmente conocemos, pero a la vez algo que ha estado ahí desde antes. Necesitamos crear el valor de no sólo hacer teoría, sino de llevar a cabo una filosofía. Sería una filosofía hecha cuerpo. Daríamos cuenta de que la filosofía siempre son las palabras que se usan, los textos, pero también los gestos, los movimientos y todos los registros quedejamos de nuestro paso por este mundo. Sería una filosofía/acción.

Ahora bien, y para ir finalizando, los criterios para saber si alguien está llevando a cabo una filosofía o si lo está haciendo mejor o peor, eso es lo que habría que pensar todavía. Y, de hecho, el mismo pensar sobre ello será el criterio y la práctica a la vez. No faltará quien intente, por supuesto, institucionalizar está práctica, quizá incluso seamos nosotros mismos. Pero mientras eso no pase, aún falta construirla, ya después nos tocará derribarla. Lo único que nos puede mantener ahora con fuerzas en este camino de la filosofía/acción que estamos describiendo, sería entonces que al final, al fundirse también con el arte conceptual se encuentren los dos extremos y entonces por fin de eliminen mutuamente. Si los situacionistas proponían eliminar el concepto de arte para poder realizarlo, de parte de la filosofía habría que convertir la vida en puro pensamiento. Es decir, si Sócrates pensaba que una vida que no es pensada no vale la pena de ser vivida, habría que completarlo diciendo que un pensamiento que no es vivido no vale la pena de ser pensado. En conclusión, el problema de la contemporaneidad en el arte y la filosofía nos enfrenta no solamente a una pregunta de carácter histórico y temporal, sino a la cuestión de si realmente tiene algún sentido separarlos uno de la otra y si es pertinente mantenerlo sobre todo en textos autorreflexivos como éste.

Categorías Filias, Ideas, Pensamiento

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