Para-en. «En México», de Varda Caivano – Lucía Vidales

“En México”, exposición de Varda Caivano, artista argentina residente en Londres, se exhibió en la galería Lulu by X Museum en la Ciudad de México: cuatro pinturas de pequeño formato seleccionadas del cuerpo de obra que produjo la artista entre el 18 de diciembre de 2021 y el 28 de enero de 2022, durante su estancia en la CdMx. 

Estas pinturas, realizadas en gouache sobre yute y lino, fueron montadas en bastidores entelados que dejan ver sus irregularidades y lo abierto de su trama. La estructura de las piezas no es sólida, ni cerrada, sino delicada y flexible. La noción de la pintura como algo que ocurre sobre una superficie nos traiciona; en las pinturas de Caivano puedo observar que cada capa de color no es utilizada únicamente como cubriente, ni para generar un efecto óptico, sino como una urdimbre donde pliegues, transparencias y superposiciones que nos dejan ver y, a la vez, no ver sus partes: a través, entre, para (al lado de) y sobre (en la superficie). Realizadas por delante y por detrás, desde el dibujo y desde la pintura, estas obras no están hechas como un cuerpo en que los huesos sostienen su piel, ni como un paisaje en que el horizonte estructura el espacio. Su carne, su sostén y la luz que les baña son indiscernibles. La piel deviene hueso, el hueso deviene luz; la tela, pintura; el color, fuga; la luz, hueco. 

Untitled, Varda Caivano, 2022. Gouache sobre lino. 46 x 66 cms. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Lulu by X Museum.

Amy Sillman llamó metabolismo a cierta forma de pintar y la relacionó con la abstracción. Creo que la pintura de Caivano puede vincularse, en cierto sentido, con la idea de metabolismo, pero no desde esa awkwardness del que habla Sillman –relacionada con la comedia, el cuerpo y la muerte–, sino con esos momentos en que la cuerpa-mente nos permite cuestionar la idea de que hay una frontera entre nosotrxs y lo demás, y ese cuestionamiento nos resulta extraño. Cuando nos perdemos un poco del yo, como si experimentáramos los vacíos que hay entre cada molécula que nos conforma, en lugar de por sus conexiones; ser ese espacio que rodea nuestro cuerpo, en lugar de la voz que lo describe.  

Si a la experiencia de lo sublime le quitamos lo extraordinario y excelso, me quedo con una imagen de una contemplación extrañada, no de lo que nos supera, elevado, sino de un similar abismal que no se nos opone, sino habita también en nosotrxs. La obra de Varda me parece extraña y en ello fascinante: la veo funcionar como un sistema vivo de precisión terrible, sin grandilocuencia; cierta lógica que no puede ser remplazada por un código. 

La idea del parergon con que se ha pensado la pintura muchas veces (el marco, ese espacio liminal que no es “ni simplemente afuera, ni simplemente dentro” de la pintura) no ocurre ante mi mirada de manera predecible en estas obras. Se expresa en todo el cuerpo de cada pintura, no simplemente en sus marcos. Ese “adentro”, o en, de estas pinturas es también para (al lado de), hueco, y a veces sobre (vibrando). En Untitled, 2022, (gouache sobre yute, 24 x 44 cm) y Untitled, 2022, (gouache sobre yute. 41 x 23 cm) el color desborda como a borbotones. Podría decir que la pintura viene, se moviliza, pulsa, desde atrás, tanto desde su propio interior, como desde su superficie más visible y desde sus límites. Con esto, la jerarquía entre aquello que parece lo primario en pintura y lo secundario, lo externo e interno, queda puesto en cuestión y reorganizado bajo la lógica, o práctica, de un devenir material: fundirse, ser absorbido, voltear-se, recuperar-se, perder-se, surgir.

Untitled, Varda Caivano, 2022. Gouache sobre yute. 24 x 44 cms. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Lulu by X Museum.

En estas cuatro obras el color y la pintura misma surgen a mi mirada como una emanación interna que no proviene de un centro, origen, ni lugar que pueda reconocerse fijo. No es la figura, diría yo, o no tanto la figura: aquello que reconozco, que se hunde y que surge; es el color y la materia misma. Color y materia no como motivos de la pintura, sino como estructura que se estructura a sí misma, quizá como un metabolismo. Pinturas-cuerpos, sin la necesidad de referir a la forma humana, aunque tampoco oponiéndosele. Por eso, y muy distinto a una pantalla, en estas pinturas la visibilidad no aparece simultánea, emerge y se precipita. 

La simultaneidad de lo visible, otro de los lugares comunes para hablar de pintura, tampoco me es útil aquí: pinturas heterogéneas y de tiempos fragmentados. El hundimiento o excavación necesarias para ver esta obra recuerdan a Edouard Vuillard y a Pierre Bonnard, mencionado en la hoja de sala, también a Paul Cezanne (en particular la serie conocida como “The Rock and Quarry paintings”), y a las citas sobre la geología que le hace Deleuze en su famoso libro del Diagrama.  

Si bien hablo de excavaciones, no a todas estas pinturas las considero particularmente terrestres. Untitled, 2022, (gouache sobre yute, 24 x 44 cm), me parece hecha de luz. Untitled, 2022, (gouache sobre lino. 47 x 69 cm) de pieles, cortinas y pliegues. En Untitled, 2022, (gouache sobre yute. 41 x 23 cm) los violetas hechos de fluídos y flotaciones me remiten a los bellos pasteles sobre escenas marinas de Odilón Redon, en los que las transparencias y lo aterciopelado de su pintura materializan un pensamiento de lo sólido, lo líquido y lo aéreo.  

Untitled, Varda Caivano, 2022. Gouache sobre lino. 47 x 69 cms. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Lulu by X Museum.

Cuando alguien pinta varias obras a la vez, el tiempo del hacer puede perder la forma lineal, y poner en duda la lógica de una progresión en la labor de pintar. Se vuelven evidentes las continuidades y discontinuidades como práctica: el olvido, la urgencia, el espejeo, el ritmo, la latencia. Ese me parece el caso de Caivano, aquí el tiempo se percibe insistente e impredecible, la mirada va y viene sin prisa.  

Unas líneas de carboncillo aparecen como cuerdas de dudosa resistencia: pueden sostenerme, pero apenas; no me anclan, tropiezo, me hacen andar a tientas. Me invitan a pensar en los aspectos prediscursivos de una obra, también en las ruinas o despojos que quedan tras una ventisca, o después de años bajo el Sol. En Untitled, 2022, (gouache sobre yute. 41 x 23 cm), aunque no es la única vía, las líneas pueden remitir al marco, al parergon y a una figura, pero de una forma heterogénea y vibrante que las hace presentes y las ausenta. Estas líneas me fallan como horizontes o ejes estables para delimitar un espacio, no pueden ser dadas por sentado, son líneas sin contorno; o que lo pierden, pero que aparecen en cambio cuando es preciso: como las migas de pan dejadas en el bosque por Hansel y Gretel: la consecuencia de un aparente descuido, sin el cual estaríamos perdidxs. 

Untitled, Varda Caivano, 2022. Gouache sobre yute. 41 x 23 cms. Foto: Ramiro Chaves. Cortesía: Lulu by X Museum.

Regreso a la idea del tiempo y pienso que el color en estas pinturas me hace imaginar un tiempo viejo, quizá delirante por sus vibraciones. Me pregunto qué conoció Caivano de esa Ciudad de México que ahora pienso desde la lejanía y ha sido mi casa durante casi toda mi vida. Siempre sentí que ver la pintura de Caivano era como entrar a una mente, pero en México, éstas pinturas me recuerdan a interiores familiares donde es posible la contemplación alejada del bullicio de las calles: la Colonia Portales, casas en decadencia de la clase media baja que no han sido renovadas con el paso del tiempo y del uso, casas con patio o jardín, que alguna vez albergaron familias enteras y en las que ahora viven una o dos personas, en un estado de intensa intimidad y poca estabilidad. Sí, una mente, pero también una forma en la que esta puede fugarse. 

Las pinturas de Caivano ofrecen huellas de que, para ser posibles, exigen tiempo: se lo exigen a la artista, pienso, y se lo exigen al espectadorx; ver y más ver, una exigencia vertiginosa. El deseo de lo que espero encontrar en la pintura es remplazado por ese vértigo vibrante que surge del color y de la materia, que se desvanece y la mirada que las mira ocurre en el presente y de cerca. Ese vértigo desconfía de la memoria, dejándome sensaciones volátiles, mas no ambiguas. La experiencia de haber visto esta obra es para mí en este momento una memoria corporal. Ahora que estoy en Monterrey, encuentro que desconfío más de ver las fotografías de su obra, que de la sensación de haberlas visto. La idea de una pintura que es sobre ella misma aparece aquí como manera de explicar la experiencia de una mirada materializada corporalmente, en tiempo presente, que es sostenida con insistencia. 

Imagino que estas pinturas están hechas sin remedio, es decir: no en ese lugar en el que pintar es un problema, sino que ocurren como la llegada del verano. No quiero decir naturaleza, me resulta difícil hablar de esto sin otorgarles arbitrariedad, ni un destino, ni un deber ser. Quiero pensar en las “lógicas” del funcionamiento del universo y en el placer que me provoca su contemplación, aquellos fenómenos que no pueden ser abarcados con el lenguaje, como las ramas que flotan en un charco o las piedras que se hunden en él. 

Lucía Vidales, 

Nuevo León, 2022 

Bibliografía 

Deleuze, Guilles. Pintura, el concepto de diagrama. Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007. 

Derrida, Jaques. La verdad en pintura. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2001. 

Sillman, Amy. Faux Pas. Selected writings. After 8 books, Paris, 2020.

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