Sin retorno a la normalidad: por una liberación post-pandémica – Max Haiven

Hoy en día están surgiendo nuevas formas de solidaridad, apoyo mutuo y lucha común en la pandemia. ¿Cómo darán forma a las luchas del mañana en un mundo post-capitalista?

Huelgas a través de la frontera y huelgas por un salario más alto.
El planeta se tambalea hacia la derecha mientras las ideologías se afianzan.
De repente es la represión la moratoria de los derechos.
¿Qué pensaban que invitaría la política del pánico?
La persona en la calle se encoge de hombros “La seguridad es lo primero”.
Pero el problema con lo normal es que siempre empeora…
– Bruce Cockburn, “The Trouble with Normal”

La siguiente es una postdata de Revenge Capitalism: The Ghosts of Empire, the Demons of Capital, and the Settling of Unpayable Debts, de Max Haiven, que será publicado por Pluto Press en mayo.

La llegada de la pandemia COVID-19 a principios de 2020, que se desarrolla alrededor del mundo mientras escribo estas palabras, probablemente será recordada como un cambio de época. En este invierno prolongado, al cerrarse las fronteras, al multiplicarse los encierros y las cuarentenas, a medida que las personas sucumben y se recuperan, hay una fuerte sensación de que, cuando llegue la primavera, despertaremos en un paisaje drásticamente cambiado.

Aquellxs de nosotrxs que ahora estamos en aislamiento, a pesar de nuestros miedos y frustraciones, a pesar de nuestro dolor –por aquellxs que han muerto o pueden morir, por la vida que una vez vivimos, por el futuro que una vez esperamos– también hay una sensación de que estamos resguardadxs, transformándonos, esperando, soñando. Cierto: Los horrores acechan el panorama global, en particular la forma en que el virus –o nuestras contramedidas– pondrán en peligro a aquellxs de nosotrxs que, como sociedad, ya hemos abandonado o devaluado. Muchxs de nosotrxs somos ya desechables. Muchxs de nosotrxs sólo lo estamos comprendiendo ahora, demasiado tarde. Luego está el peligroso desdibujamiento de la línea entre las medidas humanitarias y las autoritarias. Está la militarización geopolítica de la pandemia.

Pero cuando llegue la primavera, como debe ser, cuando salgamos de la hibernación, podría ser un momento de profunda lucha mundial contra el impulso de “volver a la normalidad” –la misma normalidad que preparó el escenario para esta tragedia– y la “nueva normalidad” que podría ser aún peor. Preparémonos lo mejor que podamos, porque tenemos un mundo que ganar.

La siguiente venganza de la nueva normalidad

Me imagino que las luchas por venir serán definidas ya sea por el desesperado impulso de “volver a la normalidad”, o por un gran rechazo de esa normalidad. Pero esto no es un melodrama maniqueo.

Por un lado, habrá quienes traten de devolvernos al orden del capitalismo de venganza global al que nos habíamos acostumbrado: un sistema nihilista de acumulación global que parece estar tomando una revancha innecesaria e injustificada de tantxs de nosotrxs, aunque sin que ningún individuo pretenda ninguna malicia en particular, y que engendra el peor tipo de política de venganza.

Por supuesto, debemos esperar la demanda de que volvamos a la normalidad vengativa de parte de los beneficiarios de ese sistema –los ricos, la élite política–, quienes tienen todo para ganar con los negocios como de costumbre. Pero también debemos esperarla de millones de personas oprimidas, explotadas y alienadas por ese sistema, cuyas vidas se han visto reducidas a una muerte lenta bajo el mismo.

Después de meses de caos, aislamiento y miedo, el deseo de volver a la normalidad, aunque la normalidad sea un sistema abusivo, puede ser extremadamente fuerte. El escenario está preparado para que este deseo vaya acompañado de un frenético revanchismo. ¿Querremos que alguien tenga la culpa, especialmente quienes perdamos a nuestros seres queridos? ¿Debe haber sangre, figurada o literal?: un bautizo de fuego para que el viejo orden –que, por supuesto, creó las condiciones de austeridad y desigualdad que hicieron tan devastadora esta plaga– pueda renacer en forma purificada.

Por supuesto, las cosas nunca volverán a ser “normales”: algunxs de nosotrxs, lxs privilegiadxs y lxs ricxs, podemos hacernos la ilusión, pero esta ilusión es probable que la lleve a cuestas la gran mayoría que trabajará más duro, durante más tiempo y por menos dinero, sufriendo mayores riesgos y menos recompensas.

Las deudas de la pandemia, tanto literales como figuradas, tendrán que ser pagadas.

Por otra parte –o tal vez al mismo tiempo– también podemos esperar que, entre la gente poderosa y entre el resto de nosotrxs, habrá llamados para rechazar el “retorno a la normalidad”, pero con el fin de abrazar algo aún peor. Es probable que el caos y las muertes de la pandemia se atribuyan a un exceso de democracia, libertades y empatía. Ahora que los Estados están flexionando sus músculos y tomando el control total de la sociedad, habrá muchxs que no querrán que se baje la guardia. Todavía podemos ver, en esta crisis, el uso de la fuerza represiva contra civiles –como ya se está haciendo con lxs migrantes y lxs encarceladxs– y me temo que muchxs lo considerarán justificado, un sacrificio humano para alimentar a los dioses del miedo.

Tras la pandemia podemos estar segurxs de que fascistas y reaccionarios tratarán de movilizar sus metáforas de pureza, purificación, parasitismo y contaminación –racial, nacional y económica– para imponer sus sueños ampliamente tóxicos a la realidad. La narrativa vengativa de la frontera, ahora más politizada que nunca, nos perseguirá a todxs en los años venideros. Los “nuevos” autoritarios, ya sea que hagan hincapié en el Estado totalitario o en el mercado totalitario –o en ambos– insistirán en que todxs reconozcamos que ahora vivimos –siempre hemos vivido– en un mundo despiadado y competitivo; y que debemos tomar medidas para amurallarnos y expulsar a lxs indeseables. Otras veces, el autoritarismo puede llegar sigilosamente, encubierto en la retórica de la ciencia, el liberalismo y el bien común.

Mientras tanto, es casi seguro que habrá esfuerzos de quienes se han enriquecido y empoderado enormemente en los últimos decenios, en particular en los sectores tecnológico y financiero, entrelazados, para aprovechar su influencia y sus recursos, así como la debilidad y el desorden de las instituciones tradicionales, a fin de dirigir la reorganización de la sociedad según criterios netamente tecnocráticos. Seguirán ofreciendo generosamente los servicios de sus poderosos e integrados imperios de vigilancia, logística, finanzas y datos para “optimizar” la vida social y política.

Esta distopía empresarial puede tener un rostro humano: ingresos básicos, hipervigilancia para las nuevas epidemias, medicina personalizada. Ya llegan, llevando regalos para ayudarnos en esta emergencia: rastrear los vectores de enfermedades, prohibir la desinformación, ofrecer a los Estados ayuda con los datos y la gestión de la población.

Bajo esta máscara estará la reorganización de la sociedad para ajustarse mejor al meta-algoritmo hipercapitalista que, aunque impulsado por las contradicciones capitalistas, será esencialmente neofeudal para la mayoría de nosotrxs: un mundo de datos y de gestión de riesgos donde sólo un pequeño puñado disfruta de los beneficios.

Se nos dirá que es por nuestro propio bien.

Nuestro rechazo a la venganza

Contra todos estas fatídicas consecuencias habrá quienes se nieguen a volver a la normalidad, o a abrazar la “nueva normalidad”, lxs que sabemos que “el problema con la normalidad es que sólo empeora”.

Ya en el estado de emergencia que la crisis ha desatado, estamos viendo surgir medidas extraordinarias que revelan que gran parte de las afirmaciones del régimen neoliberal sobre la necesidad y la austeridad eran mentiras transparentes. El mercado divino ha caído, de nuevo. En diferentes lugares se están introduciendo una variedad de medidas que habrían sido inimaginables incluso hace pocas semanas atrás. Estas han incluido la suspensión de alquileres e hipotecas, la oferta de transporte público gratuito, el suministro de ingresos básicos, un paréntesis en el pago de deudas, la expropiación de hospitales privados y otras infraestructuras otrora públicas para el bien público, la liberación de lxs encarceladxs, y gobiernos que obligan a las industrias privadas a reorientar la producción hacia las necesidades comunes.

Escuchamos noticias de un número significativo de personas que se niegan a trabajar, toman medidas laborales salvajes y exigen su derecho a vivir de manera radical. En algunos lugares, lxs subalternxs se están apoderando de casas vacías.

Estamos descubriendo, en contra del paradigma de los invertidos valores capitalistas que ha enriquecido a unxs pocxs a expensas de muchxs, cual trabajo es verdaderamente valioso: cuidados, servicios y trabajadores del sector público de necesidad primaria. Se ha producido una proliferación de demandas sociales radicales de políticas de cuidado y solidaridad no sólo como medidas de emergencia, sino a perpetuidad.

Los think-tanks de la derecha y del capitalismo están entrando en pánico, temerosos de que medio siglo de cuidadoso trabajo ideológico para convencernos de la necesidad del neoliberalismo –la transformación de nuestras propias almas– se disipe en las próximas semanas y meses. El dulce sabor de la libertad –la libertad real e interdependiente, no la solitaria libertad del mercado– permanece en el paladar como un recuerdo largamente olvidado, pero rápidamente se vuelve amargo cuando se le retira su néctar. Si no defendemos estas ganancias materiales y espirituales, el capitalismo vendrá por su venganza.

Mientras tanto, quienes estamos en cuarentena y semi-aisladxs estamos descubriendo, utilizando herramientas digitales, nuevas formas de movilización para proporcionar atención y apoyo mutuo a lxs necesitadxs de nuestras comunidades. Estamos recuperando lentamente nuestras potencias perdidas de vida en común, escondidas a plena vista, nuestra herencia secreta. Estamos aprendiendo de nuevo a convertirnos en una especie cooperativa, deshaciéndonos de la piel claustrofóbica del homo oeconomicus. En la suspensión de un orden capitalista de competencia, desconfianza y un interminable e inútil ajetreo, nuestro ingenio y compasión están resurgiendo como los pájaros en el cielo libre de smog.

Cuando llegue la primavera, la lucha será para preservar, mejorar, conectar y organizar este ingenio y compasión para exigir que no se vuelva a la normalidad y que no haya una nueva normalidad. En todo el mundo ha habido, en los últimos años, un nivel sin precedentes de movilización y organización de movimientos contra el capitalismo de venganza, a veces en torno a candidatos electorales –por ejemplo. Corbyn en el Reino Unido, Sanders en los Estados Unidos, pero también en torno a campañas sociales: huelgas contra el necro-neoliberalismo en Francia, anti-autoritarismo en Hong Kong, anti-corrupción en el Líbano y en el Iraq, anti-austeridad en Chile, feminismo en México, luchas contra la gentrificación y el aburguesamiento en ciudades de todo el mundo, solidaridad con lxs migrantes en Europa, luchas indígenas en Canadá, ambientalistas en todas partes.

Estas luchas previas a 2020, importantes por derecho propio, creo que serán recordadas como el campo de entrenamiento de una generación a la que ahora le toca el peso de uno de esos momentos cruciales de la historia. Hemos aprendido a poner de rodillas una economía capitalista mediante la protesta no violenta frente a la opresión abrumadora y tecnológicamente aumentada. Estamos aprendiendo a volvernos ingobernables por los Estados o los mercados.

Igualmente importante, hemos aprendido nuevas formas de cuidarnos unxs a otrxs sin esperar al Estado o a las autoridades. Estamos redescubriendo la potencia del apoyo mutuo y la solidaridad. Estamos aprendiendo a comunicarnos y a cooperar de nuevo. Hemos aprendido a organizarnos y a responder rápidamente, a tomar decisiones colectivas y a responsabilizarnos de nuestro destino.

Como lxs heroínas y héroes de todas las buenas epopeyas, no estamos preparadxs, nuestro entrenamiento no ha terminado, pero el destino no esperará. Como todxs lxs verdaderxs heroínas y héroes, debemos conformarnos con lo que tenemos: unxs con otrxs y nada más.

Mientras el mundo cierra los ojos ante esta extraña y onírica cuarentena –salvo, por supuesto, trabajadores de la salud, servicios y cuidados primarios que, al servicio de la humanidad, no pueden descansar, o quienes no tienen un lugar seguro para soñar– debemos prepararnos para la vigilia. Estamos en la cúspide de un gran rechazo a la vuelta a la normalidad y a una nueva normalidad, una normalidad vengativa que nos ha traído esta catástrofe y que sólo nos llevará a más catástrofes. En las próximas semanas, será el momento de llorar y soñar, de prepararse, de aprender y de conectar lo mejor posible.

Cuando el aislamiento termine, despertaremos a un mundo en el que los regímenes competitivos de la normalización vengativa estarán en guerra unos con otros, un momento de profundo peligro y oportunidad. Será un momento para levantarse y mirarse a los ojos.

La historia dice, no esperes
en este lado de la tumba.
Pero entonces, una vez en la vida
el anhelado maremoto
de la justicia puede levantarse,
y la esperanza y la historia riman.
Así que esperemos un gran cambio en la marea
en el lado lejano de la venganza.
Creer que una orilla más lejana
es accesible desde aquí.
Creer en los milagros
y remedios y manantiales sanadores.
-Seamus Heaney, “The Doubletake”

*Publicado originalmente en la revista ROAR el 23 de marzo de 2020. Se puede consultar aquí. Otra versión en español puede ser encontrada aquí. La presente versión  toma en cuenta una revisión de ésta. Agradecemos a Max Haiven por confiarnos traducirlo y publicarlo en PostFilia. Trad. Mario Morales.
**La imagen que acompaña a esta entrada pertenece al Deadly Tarot.
Categorías Filias, Notas, Pensamiento

1 comentario en “Sin retorno a la normalidad: por una liberación post-pandémica – Max Haiven

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close