Escuchar los tres tiempos

Hay que saber escuchar los tres tiempos a cada momento: el presente, el pasado y el futuro.

La noción de éxito y fracaso tiene una íntima relación con la concepción de la Historia. Es decir, nos enfrenta a la cuestión sobre lo contingente (casualidad) y lo necesario (destino). Más aún, nos cuestiona sobre el control que tenemos, o no, en el curso de la Historia; sobre la capacidad que tenemos de darle sentido, o no, a los sucesos que parecen aleatorios. Esa narración acerca de nuestros éxitos y fracasos nos hace preguntarnos qué y quiénes eran necesarios, o no, para nuestra vida y, con ello, para la historia. De ahí que tragedias como la de Edipo nos permita reconocernos: no podemos escapar de nuestro destino (necesidad) y la fatalidad es que no sabemos qué es lo que tiene que cumplirse. Probablemente nada. 

Helen Frankenthaler by  Around the Clock with Red (1983)
Helen Frankenthaler by Around the Clock with Red (1983)

Lo necesario es una cualidad que no pertenece a los objetos, ni tampoco se encuentra en las relaciones entre ellos, sino que es un invento humano, una ficción que nos permite creer en algo; un grito desesperado por encontrar un sentido en la sucesión de hechos y relaciones. Al mismo tiempo, si pensar lo necesario tiene su origen en una necesidad de ficción, así también lo sería la no-necesidad (el imperio del azar). Quedamos entonces en una indeterminación, en una contradicción infinita que podría llevarnos a negar todo y a afirmar nada, pero también las dos al mismo tiempo y viceversa. Tampoco la ficción es necesaria. 

¡Qué siniestra puede ser la retórica que me empuja a creer que, ante lo posible y lo probable, sólo me queda apostar por la ficción de la responsabilidad!

¿Hasta dónde fue capaz de llegar la necesidad de lo necesario que nos llevó a creer en que existe un sujeto consciente de sus actos y deseos? Hubo una vez que hasta creímos que éramos la creación de una voluntad divina y pronto nos convencimos de que sólo somos la expresión de fuerzas azarosas. Ni tú ni yo somos necesarios para la historia pero ¿quiénes sí?

Hay algo que se debe aprender de cada decepción para conocer eso que creíamos necesario. El fracaso sólo puede adquirir sentido después de acaecido y sólo entonces podríamos saber si toda nuestra vida fue un perpetuo fracaso o si sirvo al menos como un ejemplo. Pensemos el ejemplo, pensemos en Job. Lo que nos enseña su historia es que la vida siempre puede ser peor. Una siempre debe tener en cuenta que lo azaroso y lo contingente siempre pueden expresarse de una manera cada vez más atroz. Pero también lo necesario, por eso la tragedia que implica no poder escapar de nuestro destino sólo puede ser asimilada como un ejemplo, como una lección. 

En el ejemplo se conjuga lo universal y lo particular. Hay que elegir los ejemplos con cuidado, no sólo porque son el puente entre lo abstracto y lo concreto, sino también porque son lo que conforma aquello en lo que creemos y en lo que confiamos. Una no elige cualquiera, a veces ponemos el mismo ejemplo para explicar algo que no puede alcanzar su sentido de otra manera. La necesidad del sentido, en ocasiones, sólo puede hablarnos a través de ejemplos. Cada saber va acompañado de sus imágenes, es decir, de sus ejemplos. Un ejemplo es una imagen. Por ello, nos atrevemos a creer que lo necesario y lo contingente sólo pueden mostrase como imágenes. En ese sentido, la historia tampoco podría contarse de otra manera. Pero sólo es posible tener una imagen/narración de nosotras si recordamos/recreamos eso que creemos/creímos ser.

Canyon by Helen Frankenthaler (1965)
Canyon by Helen Frankenthaler (1965)

 

Algo se muestra a pesar de nosotras mismas, casi como si fuera nuestro destino: exponer que la vida también puede ser vivida sin propósito alguno, sin éxito, por ello, sin fracaso, sin que lo necesario se manifieste alguna vez; una vida aburrida y fútil que al mismo tiempo sólo pudo llegar a ser tan perfecta como su propia potencia. Nunca más, nunca menos.

La memoria está compuesta de imágenes, unas son necesarias para ser quienes somos y otras no. Ésas que no son necesarias permanecen ocultas y sólo se manifiestan en nuestros sueños. Algunos de esos sueños nunca los olvidaremos, incluso los volveremos a soñar una y otra vez, pero otros nunca serán registrados por nuestra memoria. A veces las imágenes no registradas, aparentemente, se expresan en fantasías y en temores inexplicables. En ocasiones, nos cuentan verdades que sólo pueden ser soportables como un sueño.

Eso que creemos ser pasa también por los sueños. Nos hacen falta tácticas de aparición/desaparición, que muestren lo necesario pero que también lo borren; que nos permitan abrazar el pensamiento del sí y el no al mismo tiempo. ¿Dónde empieza y dónde acaba lo necesario? No lo sabemos, se encuentra en los márgenes. Sin embargo, una tiene que encontrar algo en qué confiar, casi como una especie de mantra que nos sea posible repetir durante el día. Sabemos que el lenguaje y la memoria (recuerdo) son las bases para que esta confianza sea creída y creada. 

La confianza (cualidad del que tiene total seguridad de algo o alguien) se compone de:

  • El prefijo “con” (todo, junto). Se relaciona con la raíz indoeuropea *kom (junto, cerca de).
  • La raíz “fi” del verbo fiar, del latín fidere (confiar) y este de fides (lealtad, fe).

Confiamos en la necesidad, o en la ficción de la necesidad, porque no podría ser de otra manera más que como acto de fe que pueda explicar la razón por la cual creemos que podría llegar a existir un sentido de la historia. Creer parece ser la única opción; creer, por ejemplo, que una es libre cuando se da cuenta de que no lo es, que nunca lo fue y que nunca lo será. Es decir, una es libre cuando entiende que nunca hubo nada necesario. Nadie es necesario, todos somos reemplazables. Entonces, el único proyecto posible es la ética. Preguntarse por la necesidad no puede ser sino la pregunta por la justicia.

¿Cómo vamos a narrar esa historia? ¿Cómo vamos a narrar la historia de las imágenes justas? ¿Cómo vamos a narrar la historia de esa memoria? ¿Cómo vamos a narrar la historia de aquello que nos dio confianza?

Pensemos un ejemplo histórico: “En el círculo se encuentran el principio y el fin” decía Heráclito.

A Green Thought in a Green Shade by Helen Frankenthaler (1981)
A Green Thought in a Green Shade by Helen Frankenthaler (1981)

*Elegí estas pinturas de Helen Frankenthaler para este post porque han sido imágenes/ejemplos que me han acompañado desde hace tiempo.  ❤

**Este texto fue leído por una voz automática durante el programa “Escuchando Mecano” desde casa en Radio Tropiezo.

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