Historia de lxs colectivxs y lxs espacixs otrxs

La vida de lxs colectivxs está sujeta a infinidad de fuerzas que no dependen de lxs miembrxs de lxs mismxs. Dependen de las vidas familiares de cada unx, le economía, la geografía, el momento histórico, los fantasmas generacionales, en fin. Sin embargo, cuando unx está insertx en el movimiento es difícil calcular nuestra propia potencia. En realidad, si nos pusiéramos estrictos nos daríamos cuenta de que poco tiene que ver con nosotrxs. No importan las tendencias políticas de lxs colectivxs de lxs que hablamos, ni tampoco las decisiones conscientes sobre sus acciones u orientaciones. Hay tantos factores involucrados tan solo en la germinación de unx colectivx que creer que unx ha tenido algo que ver ahí. Tan solo la condición de ser unx cuerpx material nos sujeta a un determinado espacio y tiempo que no pudimos determinar. Aún con eso, tenemos que hacernos responsables de estx cuerpx y eso es justamente lo que se intenta hacer en muchxs de lxs colectivxs. Se intenta llenar un hueco que han dejado las relaciones sociales institucionalizadas, el gobierno, la escuela, el trabajo, la familia, incluso la amistad en ocasiones, cuando es forzada. Si estas instituciones logran mantener a gusto a las personas, entonces no necesitan generar espacixs alternativxs de experimentación y creación de vínculos.

Estxs espacixs otrxs (también llamadxs heterotopías en cierto lenguaje espacializado) comienzan desde que se juntan al menos dos personas para hacer emerger una esfera separada del mundo ya construido y aceptado a través de la compartición de una experiencia de invención conjunta. Puede ser a través del diálogo o de miradas, de juegos o delirios compartidos, intercambios, generación o dádivas de música, poesía, dibujos, toqueteos, fluidos. Pero puede ir más allá de ello y comenzar a propagarse. De alguna manera la propagación de estxs espacixs otrxs es lo que constituye la historia de las artes, sean aceptadas dentro del rango de las “bellas artes” o de las artes populares, no importa. De cierto modo también es eso lo que nos mantiene aún vivxs y soportando las instituciones ya establecidas. Se podría decir incluso que toda institución tiene en su germen algo de esto. Sin embargo, es fácil olvidarse de ello. Y eso por eso que todo el tiempo es necesario el nacimiento de nuevxs espacixs de creación como lxs que hemos venido describiendo. Esta es la historia no solo de unx colectivx, sino de infinitos modos de ellxs.

La función de lxs espacixs otrxs para la regeneración continua del lazo social no es algo que esté en las manos de nadie en particular. Se trata de un proceso que involucra tanto variables históricas como muy localizadas. Es una consecuencia tanto de confluencias a nivel macro como micro, es decir, tanto a niveles de economías nacionales, ambientales, políticas como a niveles moleculares, hormonales, químicos, atómicos. De entre todas estas variables, quizá sólo podemos dar cuenta de unas cuantas, aquellas que corresponden a lo personal, lo social, lo relacional. Y aún con eso es difícil que lo logremos. Ya haríamos demasiado si lográramos elaborar lo psicológico, lo inconsciente, lo traumático de cada quien. De tal manera que cuando menos lo percibimos ya somos parte de un entramado de relaciones de todo tipo, un movimiento que no se puede detener por fuerza de voluntad de nadie, sino que depende de todxs en conjunto sumando además todos aquellos factores infra y suprasociales.

Aún con todo lo anterior, lxs colectivxs son capaces de adquirir una fuerza por sí mismxs que va más allá de sus miembrxs y que puede salvaguardar la posibilidad de la otredad por un tiempo, quizá mucho tiempo, quizá por generaciones, quizá por unos segundos también. Ésta es la historia de las creaciones humanas. No es sino hasta que esta iniciativa se vuelve parte de aquello ante lo cual surgió como respuesta que la otredad muere para un colectivx. Y eso puede pasar desde los primeros momentos. La delgada línea entre estas dos facetas de lxs colectivxs es tan indefinible que molestaría a cualquiera detenerse a definirla. Es ambigua, es verdad, pero antes que abandonar esta discusión al menos podemos decir que el solo hecho de poner sobre la mesa esta discusión es ya un signo de que la otredad sigue viva. Cuando triunfa el agotamiento, sometimiento o conformidad, entonces es la muerte. Mientras eso no pase, lxs espacixs otrxs pueden incluso llegar a ser muy grandes, pueden adquirir la forma de movimientos sociales masivos, o de amplios registros en libros, discos, edificios, imágenes, etc. Esta es la historia de la cultura humana (no en el sentido freudiano por supuesto).

Ahora bien, perder de vista la primera condición a la que hicimos referencia puede hacer que de pronto creamos que todo está bajo nuestro control, que queramos ser dueños de cada cosa que pasa alrededor de eso que desde el principio jamás fue nuestro. Esta es la historia de las instituciones (y de la cultura en sentido freudiano ahora sí). De este modo, lo que comenzó como unx espacix otrx, puede terminar siendo una carga, un peso, una condena incluso. A partir de este momento sólo cuentan las relaciones de poder, los egos, las carreras y los curriculums, los queveres con otras instituciones, los pagos, los documentos, los presupuestos. Se olvida que todo esto era resultado de una confluencia de fuerzas que jamás dependió de nosotrxs y que, a partir de este entendimiento, todo era ya un regalo desde el principio. Lo comenzamos a ver como una condena (a la Freud o Foucault). Pese a todo, estas visiones pesimistas son necesarias y que de hecho son siempre apenas el origen de cualquier espacix otrx. De tal manera que la historia que aquí hemos contado se vuelve recursiva y paradójica. Se abre ante nosotrxs como un fuego inextinguible de vida y potencia, de la cual por supuesto que somos partícipes, pero más que intervenir quizá nuestra tarea es contemplar.

Categorías Filias, Pensamiento

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