Breve genealogía de las sombras en los últimos dos siglos

UN TEXTO TARDÍO DEL FÓLDER 001

Las tecnologías de cada momento propician algo, pero también proyectan una sombra, pues siempre limitan o impiden algo. Todas las tecnologías son del cuerpo y para el cuerpo, tecnologías al servicio de la historia. El intersticio entre lo que permiten y lo que impiden las tecnologías es lo que hace que en determinado momento una forma de arte en particular se vuelva el elegido por las generaciones para desprenderse o elevarse sobre este mundo.

A finales del siglo XX la música nos hacia transportarnos a otro mundo. Era propiciada por el desarrollo y difusión de los aparatos de reproducción de sonido como la radio, el disco de vinil, el cassette y el CD. Pero todos estos aparatos tenían ciertas limitaciones. Y eso fue lo que obligaba a crear y tratar de distribuir más y más música a todas partes del mundo. Era lo que hacía que hubiera mundos y submundos musicales alrededor del globo. Del mismo modo, a principios del siglo XX las Vanguardias entraban en diálogo con estas preguntas respecto de la imagen o la pintura. Las técnicas de reproductibilidad de la imagen les permitió eso. Colocarse en ese punto intermedio para poner en cuestión lo que es la pintura o lo que es lo visual. Lo mismo sucedió con la novela en el siglo XIX. La Ilustración y el avance de la Revolución industrial, y principalmente los medios impresos, permitieron que los literatos se colocaran el en punto intermedio entre lo que era un texto que pretendía hablar de la verdad y un poema o una novela que permitía salirse de este mundo y transportarse a otros universos.

Ahora bien, como todos sabemos, el Internet es la tecnología de nuestro tiempo. Esta tecnología permite el acceso a la información de tal manera que ha terminado por acabar con las limitaciones que tenían otras tecnologías. Por ejemplo, para acceder a determinado tipo de música a finales del siglo XX uno tenía que ir a buscarla a lugares específicos: copiarla, emprender radios pirata, etc. Con la pintura, a principios del siglo XX era lo mismo. Uno podía tener acceso a cualquier reproducción barata, pero observar una pintura hecha a mano no era tan accesible, eso hacía que la pintura tuviera un papel particular y privilegiado. Con la literatura, uno podía ya acceder a los medios impresos, pero tener la experiencia de leer una gran obra de literatura no lo tenía cualquiera.

Hoy en día, con las tecnologías de la información, esas limitantes que se volvían un atractivo, algo seductor para aquellas artes, se perdieron. En cualquier momento ahora uno puede acceder a la música que se hizo o se está haciendo en cualquier lugar del mundo. Gastar tiempo y desplazamiento corporal para buscar la música ha perdido sentido. De igual manera, se puede googlear cualquier imagen que uno quiera sea de donde sea y hecha por quien sea, sean artistas, profesionales de la imagen o no. Y también puede acceder a cualquier texto que haya pasado los filtros de la historia para ser considerada obra maestra de la literatura, ya no tiene sentido generar más literatura “grande”. A pesar de que la imprenta se había desarrollado desde el siglo XV, la reproducción de imágenes nítidas por medios impresos no fue perfeccionada sino hasta el siglo XIX. Eso, al final del siglo, hizo que los creadores cambiaran de medio favorito, de la literatura hacia la pintura.

Internet, como sabemos, es la tecnología de la información. Todo se vuelve información en internet, sea textual, auditiva, visual, etc. Pero hay algo que internet no puede hacer: es distinguir entre una información y otra. Lo único que puede hacer internet es valerse de las estadísticas para saber qué información vale más que otra. Pero, como hemos dicho, es precisamente el acceso masivo a un determinado tipo de arte lo que hace que surja su contrario, lo que hace que surja un cuestionamiento hacia eso. Ahora tenemos que pensar qué es lo que impide el Internet.

Lo que Internet no puede hacer es distinguir entre la información y el saber. Pero ¿quién sabe distinguir lo que es el saber? Quizá no hay distinción entre información y saber, eso es cierto, pero por eso mismo habría que inventarlo. Los vanguardistas no sabían lo que era la distinción entre la pinturas que hacían y lo que podía hacer la máquina fotográfica o la imprenta offset a color. Por eso mismo tenían que inventar la pintura una vez más a cada ocasión. Los músicos de finales del siglo XX no sabían distinguir entre lo que significaba una música popular, común y corriente y lo que era una música que podía transportarte a otro mundo, por eso tenían que inventar géneros cada vez más especializados para distinguirse unos de otros.

De la música al Internet hay una transformación de desplazamiento (tiempo y espacio) para obtener material a sólo tiempo sin un desplazamiento corporal para obtenerlo. Y, más que una imagen de un cuerpo que llega a tesoros, es la de una ventana o un ojo que se abre y se cierra ante lo que aparece y se oculta, descargar cosas no es otra cosa que abrir tu conexión y cerrarla. El cuerpo se vuelve obsoleto, no es necesario. Bien puede haber robots o softwares que hagan su trabajo. Con el Internet el cuerpo se desdibuja y cualquier cuerpo puede hacer presencia (como apariencia) y volverse imagen o producción de sí misma. ¿Qué es el saber? No lo sabemos. Pero tenemos algunos indicios: el cuerpo, cosa que internet no puede tocar.

Actualmente, es verdad, todo está a la mano, pero los cuerpos no están preparados ni material ni psicológicamente. El cuerpo se ha desplazado de otra forma. Hace falta una propedéutica sensitiva y corporal. Lo filósofos de la inmanencia y los artistas de lo efímero ya lo habían planteado en el siglo XX. Pero el cuerpo que surge con Internet es un cuerpo fantasmal, un cuerpo que se encuentra con el pensamiento, más no el conocimiento ni la razón. Es un pensamiento que falla todo el tiempo porque acepta que es sólo un producto cerebral. Se trata de conexiones neuronales que se pueden valer de lo que sea para generarse, asociación de ideas, palabras, cosas, imágenes, sonidos, ritmos, tonos, memes, fantasías, drogas o cualquier tipo de estimulante: se hace patente en una imagen que sabe que es imagen y se regocija en ello; o un audio que sabe que es sólo audio; o un texto que asume su condición de mero texto. Ya no se atormenta por ello. No hay nada que conocer, es un saber que se sabe ignorante de su propia potencia.

Si la información es un término cargado de expectativas cognoscitivas, la resistencia por parte de los cuerpos ya no se puede hacer tampoco en escenarios físicos, sino a nivel de las sombras y los fantasmas; de cuerpos que aparecen y desaparecen, que minan el conocimiento, la razón, las estadísticas y los datos: cuerpos falsos, simulados, espectrales, que generan genealogías, rizomas, constelaciones o cualquier tipo de historia menor, fugaz y cotidiana (breve). Tecnologías de la información (internet) vs microtecnologías del saber (resistencias del mismo): cuerpos, espíritus o cerebros enriquecidos. (La vuelta del fantasma.)

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