Fiebre filosófica

Se advierte la venida de una fiebre filosófica a nivel masivo en los próximos años. Esta fiebre no es del mismo tipo que da origen a cualquier acercamiento a la filosofía a nivel subjetivo, es decir, no se trata de un padecimiento o sufrimiento que orilla a las personas a buscar soluciones a una vida miserable a través de los libros. Se trata de otro tipo de fiebre, una fiebre pop; como aquella de fiebre de sábado por la noche. Es una fiebre de estar al tanto de todo, una fiebre por saberlo todo o más bien por hacer parecer que uno lo sabe todo. Es una fiebre por tomar todo tipo de cursos que involucren a la filosofía. Esta fiebre trae también la despolitización total de la filosofía. La filosofía que se busca es una copia de sí misma, es mera simulación. Y sin embargo, esta fiebre es también el reflejo de los tiempos difíciles en los que vivimos. A las jóvenes generaciones no les quedará de otra más que tomar el refugio más alto, y el veneno más tóxico, que es el de la filosofía. Tratarán de escapar a todo y paradójicamente construirán un mundo de las ideas con palacios de ideología y edificaciones de teoría.

Sabemos que si alguien se acerca a la filosofía es porque no encuentra lugar en este mundo social. Uno sólo comienza a pensar debido a una incomodidad del cuerpo. Nadie piensa ni busca refugio en otros pensadores si no es porque ha fracasado una o varias de sus relaciones con sus congéneres. Pues bien, en adelante nadie encontrará su lugar en el mundo social que nos espera. Las tecnologías actúan en dos sentidos a la vez, nos acercan y nos alejan cada vez más. En esta tensión entre fuerzas opuestas de lo social, la filosofía saldrá vencedora, pues todo el mundo tratará de huir de su presente interpersonal para comunicarse con muertos. La dinámica filosófica será ahora la regla. Cada uno estará metido en un mundo especializado al que sólo él pertenecerá junto con los textos que le hagan sobrevivir.

Las generaciones venideras no tendrán otra opción que acercarse a la filosofía para tratar de encontrar un sentido a la existencia. Pero, contrario a lo que hubiera podido pensar Kant y muchos otros ilustrados, este fenómeno social que nos espera no es nada agradable en realidad. Al contrario, se avecina el más arrogante y testarudo de los humanos, el que cree que lo sabe todo, el que tiene un argumento perfecto para justificarlo todo. La filosofía será utilizada para justificar también la violencia, la corrupción y hasta el esclavismo. La fiebre filosófica servirá solamente para disfrazar un orden social de diferencias abismales, de aplastamiento de pueblos, de anulamiento de voces. En otras palabras, corporalmente seguiremos exactamente igual a como estamos ahora y como siempre hemos estado. Seguirá habiendo guerras, pobreza, contaminación, enfermedad y demás males que han existido siempre, pero ahora la filosofía estará ahí como consuelo del pobre, como siempre ha sido.

Seguirá todo igual, la única diferencia será que ahora habrá maneras de defender mejor el orden actual. Vendrá la terquedad, la obstinación, la obsesión por salvarse en los argumentos, en la lógica, en la historia, en la autoridad bibliográfica, etc. La fiebre filosófica se expresará como mundo loco, enfermo y triste. Las masas pedirán filosofía para calmarse, escucharán la palabra de Hegel y sonreirán anestesiados por el encanto de un mundo en el que todo tiene sentido. Y lo mismo pasará con Kierkegaard, Nietzsche, Deleuze y demás antihegelianos y anti-lo-que-sea. Ningún filósofo se salvará de ser revivido y arrastrado hacia los fines de la fiebre filosófica. Todo el mundo creerá saberlo todo y no se podrá decir nada sin un aval filosófico.

Sólo hay una forma de contrarrestar esta fiebre filosófica. Contrario a lo que cualquiera pensaría, el remedio a esta fiebre no es la buena utilización de los recursos filosóficos, no es el resguardo del buen saber frente al mal uso de éste, no es el estudio correcto de los textos a fin de salvaguardarlos frente a los malhechores afectados por la fiebre. Todo esto no sería más que otra manifestación de la misma fiebre. A ella entonces hay que destruirla desde dentro, pero sin creer en ella. Este será el paso más difícil, pues tanto los afectados por la fiebre como los no afectados, ninguno podrá poner en duda la potencia de la filosofía. Lejanos o cercanos a ella, eruditos o ignorantes, todos participarán de una fe en la filosofía, una especie de dogmática de la pregunta. Pues bien, ante ello, y con todo el dolor que ello conlleve, solamente desapegarse de la filosofía, y sobre todo de la creencia en que el saber nos hará libres y mejores, es que podrá ofrecerse como remedio.

Categorías Filias, Pensamiento

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