Yoshua Okón en el MUAC

Yoshua Okón, se podría decir tranquilamente retomando una frase conocida dentro del ámbito de la política mexicana, es uno de esos artistas que pertenecen a “la mafia en el poder”. El video, la instalación y el performance, es decir el arte catalogado por la caricatura de crítica Avelina Lésper, son modos vitales para Yoshua. Pero antes de identificarnos con la denuncia y salida fácil de Avelina, sería bueno que fuéramos capaces de ver un poco más allá en las obras: de dedicarles un tiempo para ver qué es lo que han querido decir –en caso de que haya algo que se haya querido decir–; o, si no, de captar a través de su contexto lo que quieren decir, o de arrancarles incluso lo que no quieren decir; de ver cómo es que llegaron a colocarse en este espacio de exhibición en el que se nos presentan ahora con todas las cargas que este gesto trae consigo; de ver qué provocan en el espectador o en el circuito del arte; etcétera, habría miles de formas de abordar la obra antes que rendirse ante el mero desprecio sin análisis, sobre todo porque ésa también es una respuesta y un efecto de la obra, quizá el más certero y bien atinado de entre todos los que componían la motivación de su realización y muestra.

Con Yoshua Okón tenemos vómito, excusados, nazis mexicanos, gordos de McDonalds, y otras tonterías que, queramos o no, no solamente vamos a encontrar ahí en la exposición, sino que componen una especie de magma o subsuelo sobre el que se ha construido nuestra realidad más cotidiana y aceptable. Yoshua tendría algo de surrealista, tendría algo de denuncia también, tendría bastante de humor corrosivo, pero sobre todo, tendría la suficiente protección o “palancas” para pasar los filtros necesarios para que algo como esto pueda ser visto como arte. Ya como mínimo, habría que reconocerle las suficientes agallas o cinismo para presentar esto en un museo de amplias paredes blancas sin que la sociedad se le vaya en su contra, destruya el museo o se hagan ellos mismo artistas; sino que, como nosotros, no tenga de otra más que quedarse pen… sando en lo que se ha visto.

Enfrentarse a obras como las de Yoshua Okón, por su irreverencia, por su desfachatez, a veces, por su ingenio un tanto perverso o pervertido, o en ocasiones por su simpleza y dureza indolente, sin duda pesa, sin duda toca, sin duda no puede hacer otra cosa más que pincharte para después de eso ver qué haces con ello. Si lo meditas, si prefieres olvidarlo, si decides escupirle a la cara cuando lo veas en persona –a él o al curador de la muestra John Welchman, o a Cuauhtémoc Medina, o a quien quieras–, etc., eso ya es problema tuyo. Aunque parezca poco, este tipo de gestos tienen como mínimo la potencialidad de dejarnos ver y hacernos explícito el hecho de que siempre hay y habrá más cosas que tienen que ser dichas, que tienen que ser mostradas, que tienen que ser puestas a luz en una sociedad tan dormida como la nuestra, y en México sobre todo. Yoshua, por supuesto, no será el único que lo haga. Lo encontrarás también saliendo del museo, en las calles, en los medios y, en último instancia, como dicen aquellos que se suben a vender a los peseros con su talante agresivo recién salido del reclusorio: “aquello que no has de ver afuera lo tendrás en tu propia casa”.

“Algunas de las piezas pueden herir ciertas susceptibilidades”, algo parecido dice un letrero de advertencia antes de entrar a la exposición de Yoshua. Tal vez habría que preguntarnos cuáles son esas “ciertas susceptibilidades”. Tal vez el artista, más allá de la “puntada”, o más allá de presentar algo simplemente “cagado”, sí puede decirnos algo. Tal vez debamos mirar con detenimiento las obras aún con todo. Tal vez no era necesario ir al museo para ver esto, o tal vez sí. Tal vez el museo sólo es un síntoma, o la enfermedad misma. Tal vez el museo no es diferente a todo lo demás. Tal vez aquella “mafia en el poder” ni siquiera existe o tal vez, todos somos parte de ella más bien. Para más suposiciones, angustias o posibilidades que puedan surgir a partir de la obra de Yosua Okón, consulte su exposición en el MUAC.

Categorías Arte, Notas

1 comentario en “Yoshua Okón en el MUAC

  1. Anónimo. Su artículo está lleno de lugares comunes sobre el arte contemporáneo. No dice nada concreto sobre la exposición. Qué pena. He leído otros textos suyos más comprometidos con la escritura.

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