Comentario a: «(Des)aparecer. Vida, muerte y ausencia en el mundo contemporáneo», Bily López, Alejandra Rivera y Gonzalo Chávez (coords.), 2026

El libro de puede descargar libremente dando clic en la portada o directamente en el siguiente enlace: https://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/jspui/handle/FFYL_UNAM/11961

Primera parte

Como unx lxs autorxs del libro, tengo que confesar que cuando recibí por mail la noticia de la publicación de este texto, junto con el PDF, llegaron a mi mente una serie de cuestionamientos acerca de si realmente vale la pena seguir haciendo este tipo de trabajo. Y las razones son varias.

En primer lugar, los textos se escribieron hace mucho tiempo. El mío por lo menos debe tener unos 5 años. Eso hace no solo que se pierda un poco la emoción que viene con el momento de la concepción y la escritura del mismo, también es posible que algunos de los contenidos hayan perdido vigencia. En segundo lugar, tengo la sensación de que poca gente, o prácticamente nadie, lee este tipo de obras académicas colectivas que, en el mejor de los casos solo sirve para engrosar el cv de quienes participan, y en el peor, no representa sino una cifra más en las estadísticas institucionales tanto a nivel personal como público. Y, por último y en tercer lugar, es demasiado trabajo y energía humana que hay que poner para que un producto como éste salga a la luz. Son muchas personas involucradas, cada una de las cuales ha pasado una gran cantidad de filtros de todo tipo para estar ahí y todavía, antes de ver su salida, la obra tiene que cumplir con una gran cantidad de parámetros y auscultaciones que le den la validez necesaria para publicarse. Ésta última razón me lleva algo más.

¿Cómo leer o acercarse a un texto colectivo? Eso era parte de la pregunta que me aquejaba al preguntarme por la pertinencia e importancia de esta obra. Hay una condensación de mucho esfuerzo y de mucho tiempo que vale la pena hacer mención y desarrollar. Si bien es verdad que que no hay una sola propuesta, sí hay una intención que nos reúne. Al ser uno de los resultados del Grupo de Investigación sobre Bio/Necropoderes y otras Violencias Contemporáneas, y del seminario que se agrupa en torno a éste, es también fruto de una serie de impulsos que convocan a juntarnos cada 15 días en diferentes sedes, principalmente la UACM del Valle y la FFyL. Por ahí han pasado muchas personas, algunas de las cuales solo asisten a dos o tres sesiones, algunas nos quedamos, otras van y regresan. Yo mismo me fui un año y regresé más tarde. Esa constancia hace que valga la pena. No estamos entonces ante un producto último, como si de una especie de coronación se tratara. Contrario a ello, es solamente parte de un gran proceso. Nos ofrece más preguntas que respuestas. Se abren muchos temas y desde muchos lugares distintos. Hay quienes sólo hacen filosofía, pero también quienes solo hacen historia u otrxs que hacen antropología, sociología, psicología, economía, biología, comunicación, o algún tipo de interdisciplina al conjugar dos o más de ellas. Esto es algo de la variedad de perfiles que asisten al seminario desde hace ya más de 15 años (yo llevo solamente 9), pero también de quienes se ven reunidxs en este libro, donde hay 19 autorxs, entre participantes frecuentes e invitadxs afines.

Alejandra Rivera, Bily López y Gonzalo Chávez, coordinadorxs del libro, llevan ya muchos años en esta labor y han logrado construir una obra importante a partir de ello. No es el primer libro que surge de este esfuerzo. Puede ser incluso bajo diferentes etiquetas. Si bien este libro es del grupo de investigación mencionado, hay veces que se disfraza de filosofía del lenguaje, ontología, estética/historia del arte o comunicación; de alguna revista institucional como Palabrijes, Heterotopías o Estudios del discurso; o de alguna convocatoria para coloquios o volúmenes en torno algún autor como Deleuze, Nietzsche o Foucault. Para estos momentos casi podríamos hablar de una suerte de familia escogida que se reúne en torno a pensar ciertos problemas contemporáneos e incluso puede que además de que sea por el gusto de hacerlo, es principalmente por una suerte de necesidad de comprender el contexto y hasta quizá de un cierto desamparo en el que nos situamos quienes intentamos encontrar respuestas a las crisis actuales. Pero también, hemos de admitir, muchas veces desde un desamparo institucional en un marco de precariedad, tanto de la vida en general como de la academia y más aún de las ciencias sociales. Es verdad que hace falta una gran insistencia en mantener la reflexión en pie pese a todo, pero, por otro lado, ¿qué otra cosa podríamos pensar si no es nuestra propia condición? y ¿qué otra cosa podríamos hacer? Tampoco hay muchas opciones a donde moverse. No nos queda más que elaborar nuestro propio lugar de autonarración.

El grupo de investigación, lo repetimos casi cada semestre que se integran nuevas personas al seminario, inició como una forma de pensar la violencia como un fenómeno que atraviesa la vida cotidiana en nuestro país. Por intuición, poco a poco se fue orientando hacia lo que de manera laxa se podría llamar los “estudios foucaultianos”. Hay que advertir entonces que el libro que aquí reseñamos bien puede ser inscrito en esa área, por cierto afortunadamente no definida ni cerrada. Lo cierto es que para entrar en sus páginas hay que estar por lo menos empapadxs de la discusión sobre el biopoder, biopolítica y anatomopolítica. Desde el título y subtítulo se deja ver que gran parte de la propuesta del libro consiste en agregar el tema de la desaparición, como tecnología de poder, a lo ya desarrollado, en primer lugar por Michel Foucault en cuanto a los poderes sobre la vida, y en segundo lugar por Achille Mbembe acerca del poder de muerte, o necropolítica. Con esa base común, pasar a preguntarse por la desaparición forzada y otras violencias particulares de un territorio como el nuestro, ha conllevado también ir más allá de las teorías generales, a veces hasta canónicas, o con conceptos rebuscados de aquellos grandes autores europeos, para tratar de generar y leer materiales más locales. Muchas de esas exploraciones confluyen en este libro.

Dentro de la carrera que cada autorx va desarrollando, cada texto tiene una gran importancia, algunos son parte de una tesis o uno o varios trabajos más amplios que están en curso. Por lo anterior, es también es cierto que va a haber personas lectoras que puedan estar interesadas únicamente en alguno de los capítulos en particular, debido a sus propios intereses de investigación. Pero lo que me gustaría subrayar es que, además de esa relevancia particular que pueda tener cada aproximación, lo que quizá más vale la pena es el esfuerzo de hacerlas dialogar y tratar de generar nuevas propuestas a partir de ese cruce.

Segunda parte

El libro está estructurado en 4 apartados que, ya por su título, dejan ver claramente su propuesta de lectura. “APARECER I. BIOPODERES”, “APARECER II. BIO/NECROPODERES”, “(DES)APARECER. BIO/NECRO Y HAIDOPODERES”, “(RE)APARECER. ESTRATEGIAS DE RESISTENCIA FRENTE A LOS BIO/NECRO/HAIDOPODERES”. Tales son los títulos que, como se puede ver, muestran aquella secuencia de lo “bio” y lo “necro” a lo “haido”, que en gran medida constituye la aportación que comprende la obra al referirse a la desaparición como una suerte de nuevo paradigma del poder. Y se le suman al final alguna especie de atisbos, si no para enfrentar, por lo menos para no dejarnos arrastrar al pesimismo ante lo que parece una crueldad desmedida. Pero más allá de la propuesta de recorrido, ya por sí misma interesante, que nos sugieren lxs coordinadoxs, lo que me gustaría intentar sería esbozar otras posibles lecturas en la mezcla o la reunión de algunos de los temas disímiles y con tratamientos diferentes que se encuentran en la obra, rescatando, por supuesto, que comparten la misma postura crítica.

Me parecería pertinente, por ejemplo, pensar cómo, a través lo que Giovanny Rodríguez discute, a un nivel profundamente teórico, sobre el espacio liso y el espacio estriado deleuziano-guattariano, que en la obra se encuentra hasta el segundo apartado, en realidad se podría poner en primer lugar y, a partir de esto, brindar una base a todo lo que sigue. Mientras que el espacio liso es de intensidades, acontecimientos, haecceidades, y es donde todo está interconectado, el estriado es de organización y dominación, donde todo se traduce, codifica, cuantifica, homogeneiza. Pero a éstos, se agrega el espacio agujereado, que Deleuze y Guattari no desarrollan del todo, pero que dejan abierto como posibilidad. Giovanny Rodríguez propone precisamente situarnos en esta distinción para reflexionar sobre la forma en que, si aquellos autores franceses ya advertían que lo liso y lo estriado comportan complicaciones, alternancias y superposiciones nada sencillas, también conviene pensar las formas del vacío de lo agujereado, entre lo liso y lo estriado. En particular, en el modo en que lo vemos hoy día en un país como México, lo agujereado podrían ser esos espacios de despojo, indefensión, muerte, precariedad, devastaciones y desapariciones. Yo propondría, repito, que a partir de esta primera línea teórica podríamos acercarnos a las realidades que plantean todos los demás capítulos.

Dentro de la comprensión anterior cabrían muy bien el primer capítulo, de Arturo Aguirre y Elizabeth Villalobos, sobre la ciudad como campo en disputa o lugar de exposición, vulnerabilidad e indefensión; o el segundo, de Eduardo García, sobre la frontera entre México y Estados Unidos, e incluso México mismo como una suerte de frontera espesa donde se administran los flujos de migración del sur al norte global. Y lo mismo podríamos decir, sobre el texto de Aidee Tassinari Azcuaga, sobre el caso concreto de las mineras canadienses en México y cómo las políticas de López Obrador en lugar de frenar el despojo, lo potenciaron. Cabe la conjetura, por parte de quien lee, que el espacio agujereado de doble filo del que habla Giovanni Rodríguez, es el de la minería a cielo abierto que un gobierno con bandera progresista sigue permitiendo, pero ahora con el aval de la mayoría popular. ¿México como espacio organizado por la narcocultura, como lo describe Juan Carlos Ayala Barrón, no sería otro ejemplo de lo mismo? Y podríamos sumar ahí el “espacio doliente”, de Arturo Aguirre, mencionado por Gonzalo Chávez en su capítulo; o el espacio de la necro-acumulación, que describe Roberto González Villarreal, en su texto, donde la desaparición ya no es una excepción, sino parte del sistema. Se trata de una suerte de soberanía ambigua, porosa, escabrosa, oscura,…

Juan Manuel Rodríguez, en su propia concepción del espacio a partir de las mallas del poder foucaultianas, llega a decir que el hacer desaparecer es el centro de la organización del poder. Si bien la biopolítica, necropolítica y psicopolítica han podido describir cómo se organiza el poder en torno a lo humano, señala que la ecobiopolítica nos permite la misma operación pero hacia lo extrahumano. Y ahí incluye no solo a otras espacies vivientes y no vivientes, sino también a las poblaciones que no caben dentro de la definición de humano como hombre blanco heterosexual… La desaparición forzada entonces no es algo nuevo ni insólito sino que es parte fundamental de lo que sostiene la biopolítica, necrópolítica y psicopolítica. Todo lo no-dicho por los discursos del poder ha sido siempre ya desaparecido. Este pequeño giro de interpretación de corte posthumanista permite dar un salto hacia la desaparición que me parece que era el que varios de los otros textos estaban buscando. Ahora bien, aunque resulta muy acertada, no es la única forma de hacerlo. Complementar la lectura de Juan Manuel Rodríguez me parece imprescindible. Por ejemplo, Gabriel Giorgi, de la mano de Dipesh Chakrabarti, hace resonancia con ello, señalando efectivamente que el límite conceptual de la biopolítica está en que ésta no piensa sus implicaciones en el mundo natural, es decir, la vida en su posibilidad puramente biológica.

No obstante, cruzando los textos de Bily López y Gonzalo Chávez, pensar la desaparición como razón de Estado me parece que puede resultar enriquecedor. Es decir que es precisamente por el hecho de que el Estado evade continuamente hacerse cargo de las desapariciones que se le puede adjudicar una responsabilidad por omisión. Por fortuna, hoy la desaparición forzada ya está inscrita como crimen de Estado, junto a muchos otros tipos de violencia, sin embargo, más que aclarar algo, parece que conceptualmente nos lleva a lo que Gonzalo Chávez identifica como una crisis forense. Y aún con todo, creo que en este intento de comprensión global de los fenómenos, sin separarlos unos de otros y más bien ver sus colindancias, algo puede emerger. Así, siguiendo el hilo de los argumentos aquí esbozados, si tanto la biopolítica obedece a términos económicos y la necropolitica a términos geopolíticos, esta suerte de haidopolítica (extendiendo el término que propone Bily López en su contribución al libro) también tendría algún correlato en la economía, la geopolítica; y quizá tendríamos que añadir entonces aquí a la psicopolítica (de Chul-Han) y la ecobiopolítica de Manuel Rodríguez. De lo que estamos hablando es de una lógica, y comprendido así, el “bios” de la biopolítica no se tiene que quedar ni se quedó nunca meramente en lo humano.

Tercera parte

A lo largo de los textos surgen una y otra vez una serie de términos que efectivamente intentan dar cuenta de lo anterior. Y queda aún más claro en el texto sobre necroficciones de Carlos Vilchis, Verónica Alvarado y Alfonso Macedo. Así, necroescritura, necroteatro, necropoder, necropolítica, necromáquinas, o el mismo necroficción, lo que dejan claro es que la muerte nos alcanza, pero ¿de qué manera? Unx se pregunta, ¿cómo es posible que hoy que hay más vigilancia y todos los dispositivos electrónicos cuentan con la posibilidad de ser rastreados y hasta captados en tiempo real en cuanto a sus registros de audio, video y localización, haya desaparecidxs? La respuesta es que no es casualidad ni error. Es parte del sistema mismo. Es otra cara de la misma moneda, una tercera cara o quizá ese espacio limítrofe entre ambos fenómenos.

Bily López define el haidopoder como una tecnología especifica de poder para producir la ausencia, un espacio que se sitúa entre el biopoder y el necropoder, en una realidad borrosa. Para hacerlo, se remite al mito de Hades, quien habría raptado a Perséfone para convertirla en su esposa y reina del inframundo, que a su vez lleva el nombre de Hades. A partir de la tristeza de Démeter, diosa de la agricultura y la fertilidad y madre de Perséfone, se explica el otoño y el invierno. Lo curioso es que esta tristeza también es antecedente de la primavera y el verano, como una suerte de compensación de uno hacia otro lado. Esta comprensión podría resultar clave para el entrelazamiento que conlleva biopoder, necropoder y haidopoder. Este último, como decíamos, podría constituir el núcleo de la obra en su conjunto. Como tercer espacio, parece, por lo menos, retar cualquier división binaria de los fenómenos. Y no es que se sitúe precisamente en medio tampoco, sino que abre un otro espacio, u otras muchas vías.

Ahí, bajo la misma lógica podríamos colocar el espacio imaginario de la locura, del que habla Daniela Ruvalcaba en su texto, que no es el de la enfermedad mental ni el de los llamados trastornos contemporáneos; o el espacio que desarrolla Alejandra Zamudio sobre del autismo, una etiqueta que a la vez que ha permitido cierta protección y derechos, invisibiliza a quienes le portan; o el espacio de la nube, del que habla Stefanía Acevedo, que a la vez que promete espacio infinito para la acumulación del archivo, trae su correlato necro en los territorios de despojo donde se instalan los data centers.

Lo cierto es que en ese espacio que aparece y desaparece a la vez en cada uno de estos y los demás textos, y que quedó bien marcado en el juego de palabras entre paréntesis que aparece en el título de la obra, lo que cobra cada vez más importancia es la toma de posición, ya sea respecto a sus polos o a ese espacio otro que se inaugura pese a todo. En la ambigüedad de ese espacio aún cabe la posibilidad. Si es una verdad lamentable que la desaparición produce una especie de agujero negro, materia oscura que atrae todo hacia el terror, siempre se pueden abrir pequeñas ventanas a través del arte, como lo dice Anne Huffschmid, o intentar lo que Rafael Gómez Choreño llama poéticas de la ausencia.

Como lo decía al principio de este texto, es más bien el dolor que nos convoca a tener que reunirnos a pensar casi obstinadamente desde hace varios años alguna salida. Y tal vez resulten mínimas o insignificantes, pero por lo menos ya no se trata de intentos aislados, sino de algo que se debe tomar como un pensamiento colectivo vivo, una instantánea de un proceso de creación compartida. El no saber de los soldados al ejecutar una orden, del que habla Jose Antonio Mateos Castro, que en paz descanse, en la entrevista con su padre retirado del ejército, ése tal vez también es nuestro no saber. Pero en el proceso de intentarlo comprender nos encontramos y, por supuesto, también emerge la alegría y la fiesta del pensamiento a cada ocasión. Esos posibles reversos del poder son los que humildemente quien escribe intentó ilustrar en su texto.

Y, en conclusión, si bien es verdad que el contenido del libro retrata solamente un momento particular de un grupo de investigación de hace varios años, mucho de lo que se puede encontrar ahí es un pensamiento que está en plena emergencia y que necesitamos urgentemente. Por ello es que sí vale la pena el libro y espero que vengan muchos más.

*Una versión previa de este texto fue leída en el Coloquio «Michel Foucault, a 100 años de su nacimiento y a 50 años del primer volumen de Historia de la sexualidad«, llevado a cabo en la ciudad de México del 12 al 16 de octubre de 2026.

**Si quieres saber más del Grupo de investigación sobre Bio/Necropoderes y otras Violencias Contemporáneas, puedes checar su página: https://bionecropoderes.org/

***La fotografía de la cubierta y de esta entrada es de Montserrat Cano @monserrat_photo

Categorías bionecrxs, Biopolítica, Filias, Foucault, necropolítica, Notas

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