Es mejor pasar desapercibido

La fama o el reconocimiento de lo que uno hace es algo aparentemente deseable para cualquiera que hace o pretende hacer una obra. Pareciera que solamente de esta manera la obra podría adquirir sentido. Si una obra se hace y nadie la contempla nunca entonces ¿para qué se hizo? dirán algunos. Sin embargo, todos sabemos que la fama tiene costos muy altos. Sobre todo hoy, en la época de los 15 minutos de fama que bien había profetizado Warhol, lo mejor es escapar a esos cortos minutos lo más posible. Y es que la decadencia post-fama ahora es peor que nunca. La fama es cada vez más difícil de extender. Pareciera que los 15 minutos están cada vez más contados y calculados. Nadie puede pasarse de ese lapso porque comienza a quitarle tiempo a otros para que tengan sus respectivos 15 minutos. La fama siempre tuvo su precio. Todo el mundo sabe, y ha sabido siempre, que la fama no viene sola. Los excesos de todo tipo, deseables por cualquier mortal, que traen la fama por algún tiempo, se cobran con una depresión y nostalgia infinita durante toda una vida. Al cabo de ese tiempo de fama, resulta mejor no haber sido famoso jamás. La fama se cobra caro sus dones. Una vez que uno deja de ser famoso ya no puede hacer absolutamente nada porque todo es mal visto. Pensemos no solamente en los artistas, sino también en las estrellas del pop o las bandas de rock que fueron famosas en los años 80 o 90. Uno se pregunta si esos personajes siguen sacando discos, ¿qué tipo de pretensiones tienen?, ¿en realidad esperan que alguien siga escuchándolos?, es mejor que se mueran.

Pues bien, después de todo este discurso, convenimos en que es mejor pasar desapercibido. Paradójicamente, solamente de esta forma uno puede hacer obra. Resulta irónico que únicamente en la soledad uno esté capacitado para manifestar algo que diga o exprese un interior compartido por muchos. Es mejor que nunca adquiera notoriedad la obra a fin de que pueda seguirse trabajando, porque la fama pudre cualquier obra, la agota rápidamente ofreciéndola a las masas para que la consuman pronto. Un pensamiento muy romántico, dirán algunos. No, no es sólo romántico, es platónico también y filosófico en general. Son cosas que todo el mundo ha sabido siempre, pero que todo el tiempo se olvidan y, para verlos claramente una vez más, hace falta tan solo recordarlo.

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