Ser obra

El filósofo Arthur Danto dijo que el arte había llegado a su fin una vez que una obra como la caja de Brillo de Warhol es tan semejante a las cajas del detergente que usamos en la vida cotidiana ya no hay nada que el arte pueda imitar mejor. Pero no es que el arte haya acabado. Es un cierto relato del arte el que se terminó. Evidentemente sigue habiendo arte como expresión humana, como técnica y desarrollo del virtuosismo, e incluso como institución a través de academias, museos, galerías, críticos y público de todo esto. Con el fin del arte se abre la oportunidad a que la vida se convierta en obra de arte, como soñaban los situacionistas. Pero para que esto suceda quizá no es necesario destruir museos o volverse grafitero, sobre todo una vez que cualquiera de esas dos cosas también puede ser asimilada por el sistema del arte. Más bien se trata de un simple giro en nuestra visión. Hace falta, como lo habría dicho Nietzsche, no solamente convertirse en un artista todos y cada uno de nosotros, sino convertirnos nosotros mismos en una obra.

Categorías Arte, Creación, Filosofía, Genios, Manifiesto, Obra, Pensamiento

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