CAN WE EVER GET AWAY FROM THE SPRAWL?

Con un sutil “Death shopping malls rise, like mountains beyond mountains” Régine Chassagne (Arcade Fire)nos canta con una impresionante devoción, y con una sensual armonía, que el mundo está valiendo verga. Está valiendo verga en muchos sentidos. Humanizamos cada día más, y por humanizar no me refiero a sensibilizar a los otros del nosotros, ni mucho menos. Humanizar es primordialmente destruir. Humanizamos todo, lo volvemos frío, derrocamos, ejercemos la técnica en sus más álgidos niveles. Entre tanto brillo, entre ciudades que nunca descansan, el bombillo se ha vuelto una luz artificial, un últil demasiado útil del cual no podemos prescindir. También es lícito buscar la obscuridad frente a tanta sobre-exposición, ¿o no nos hemos dado cuenta que las nuevas realidades virtuales, aquellas que llamamos redes sociales, nos colocan en una híper-exhibición que no se había visto antes? Hay un legítimo deseo de huir de tanta luz, de tanto progreso. El mundo, o mejor dicho, el planeta, se reduce a nuestros cálculos, a nuestras poblaciones, a nuestras huellas. ¡Benditos sean los pequeños metros que aún no han sido pisados por el hombre, o por su pestilente presencia que todo lo pudre! ¡Bendito el mar al que aún está vetado su dominio, y digo tristemente aún!

Los reflectores no cesan, no vivimos en la obscuridad, vivimos en la excesiva luz, tan radiante que nos vuelve ciegos. ¿Nos hemos percatado que ya perdimos nuestro caracter sorpresivo? ¿Nos duelen realmente las víctimas mortales, tan habituales como lavarse los dientes, o las superamos en algunas horas mientras pensamos en nuestro siguiente tweet, en nuestro siguiente share? Nuestra libertad se reduce, aún, a la intimidad de nuestros pensamientos; mientras estos no sean revelados por nosotros mismos debido a nuestra cada vez más agraviante ansiedad. Y vuelvo a decir con tristeza, aún. Ya lo dijo Hannah Arendt más o menos así: ¿quién duda de la capacidad del hombre, de su ciencia? El mundo nunca fue nuestra cárcel, deliberadamente estamos destruyendo el cascarón.

Existir es morir, pero también destruir. ¿Qué nos queda frente a tal acontecimiento? El arte, cobarde respuesta. Y es cobarde porque nos aferramos a algo que podemos producir, aún. Sin embargo funciona, el arte y sus misteriosas y a veces banales impresiones nos hacen vivir, vivir con intensidad. ¿Qué hay más allá de nuestros egoistas impulsos? El amor. Y si no hay amor, no hay nada. Entre tanta mierda debe de haber algo que nos teja, que nos hile; aunque sea un amor hacia el prójimo muy cercano, hacia el compañero o amante. No importa que la filantropía no exista de fondo, nadie puede amar al mundo en su totalidad, o está mintiendo. El amor, viejo vínculo, se teje en la cercanía, en la amistad y de cuerpo a cuerpo. Sin esa cohesión, perdemos todo. “[We] need the darkness [porque de la noche son las cosas del amor], someone please cut the light”.

Bienvenidos a la ciudad, el espacio heredado.

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