Exducción: notas hacia una (i)lógica del inconsciente

Ya Charles Sanders Peirce, desde hace más de un siglo, había llamado la atención sobre la abducción como un tipo de razonamiento entre los dos tipos de razonamientos científicos más comunes y conocidos, el deductivo y el inductivo. Sin embargo, aquí hablaremos de un cuarto tipo de razonamiento al que llamaremos quizá provisionalmente “exducción”, ligándolo principalmente con la forma de pensar del psicoanálisis como, por lo menos, una de sus posibilidades. Con esto, más que intentar descifrar de forma única, última o certera la manera de pensar del psicoanálisis, pretendemos abrir posibilidades para que otros tipos de pensamiento puedan emerger, llamando solamente la atención sobre el que aquí nos ocupa y el que más desarrollaremos. En otras palabras, no se tome esto como un manual de psicoanálisis, sino como una apertura a un otro universo o pluriverso del que aún nos queda mucho por descubrir y crear. No se trata tampoco de un artículo científico ni pretende llegar al tipo de constataciones necesarias para ello. Se trata más bien de un ensayo, una provocación para el pensamiento que tal vez pueda ser desarrollado por quien escribe o por cualquier otrx que desee retomar lo aquí vertido.

Dicho lo anterior, comencemos por explicar por qué no solamente existen dos maneras conducirse en el pensamiento, la de la deducción, que parte de las abstracciones hacia las particularidades, y la de la inducción, que parte de los casos hacia la construcción de conceptos. Estos dos tipos de pensamiento son en gran medida contrarios e inconmensurables entre sí. Son dos niveles irreductibles uno al otro y casi imposibles de poner en diálogo sin que haya choques, exclusiones o separaciones totales de por medio. Deducción e inducción son contrarias en alto sentido. Por usar metáforas topológicas, mientras que una parte desde arriba y va descendiendo hacia el mundo, la otra comienza con la mera observación terrenal y de campo y poco a poco va elevándose. Los extremos de cualquiera de ellas son simplemente quedarse ya sea en las meras abstracciones como cierto tipo de filosofía o en el mero registro como cierto tipo de antropología. Ambas son formas de las artes adivinatorias en el sentido de que nos ayudan a enfrentar lo desconocido, aunque sea con el mero nombramiento de ello. La deducción, sin embargo, me atrevería a decir que es un truco de la imaginación que se adelanta mucho más a la inducción. El pensamiento racional fue desarrollado por el ser humano para ahorrarle a éste un sinfín de recursos y tiempo, pudiendo dar saltos en el pensamiento para llegar al final de la observación de un sólo paso. El método inductivista, por su parte, nunca podrá llegar a registrar todos los fenómenos y, por lo tanto, en algún punto tiene que llegar a la generación de la regla a partir de una generalización o bien quedarse para siempre encerrado en el ámbito de la probabilidad y del temor a lo desconocido. Así, el deductivo se atreve, en un sólo movimiento, a realizar lo que el inductivista no logrará jamás. El razonamiento abductivo entonces es una suerte de paso intermedio entre la inducción y la deducción, y se asocia con la posibilidad de generar hipótesis. Siguiendo a Peirce, este tipo de razonamiento es necesario cuando para que la observación de casos particulares puedan en algún momento derivar en teorías generales. Sin ello, la inducción se queda en la imposibilidad y la deducción jamás se daría siquiera. La abducción es una suerte de audacia del pensamiento. Se trata de un tipo de observación particular en la cual a partir de un solo caso se hace posible inferir una conexión con una regla conocida, pero que proviene de otra clase de fenómenos. Frente a la imposibilidad de recolección total de una inducción, la abducción se ofrece como ese atrevimiento que permitirá generar teorías y ponerlas a prueba, es decir, poner en marcha la deducción. 

El pensamiento deductivo tiene sus peligros. Si bien permite pensar la generalidad incluso sin siquiera ser necesario que aquello de lo que habla exista materialmente en el mundo, y esto le da una potencia sin igual, también puede convertirse en un pensamiento autoritario que no permite discernimiento alguno. Así pasa cuando alguien discute con una persona que sólo se deja guiar por la lógica y cualquier cosa que la contradiga simplemente es negada, incluso llegando a negar la existencia del mundo o la necesidad de acercarse o dar respuesta a cosas que pasan en la realidad más mundana. A lxs filósofxs muchas veces se les identifica con esta figura, tal vez especialmente a lxs filósofxs analíticxs. Por su parte, el pensamiento inductivo también puede convertirse en un dictador, uno que no permite pensar más allá de lo que se tiene enfrente, que no permite ni siquiera dejar volar a la imaginación, que se cierra a lo existente y comprobable, etc. Como hemos dicho, si bien el razonamiento inductivo es más seguro, puesto que pretende haber comprobado todos los casos, en un momento se vuelve imposible de llegar a un patrón y es entonces cuando se vuelve necesario el razonamiento abductivo, el cual permite hacer conexiones con reglas similares en campos diferentes y entonces inferir que debe pasar lo mismo en este caso. Se generan así nuevas teorías. El tratar de comprobar estas teorías se identifica con el proceso de la deducción. Se podría afirmar entonces que el razonamiento deductivo es posterior al inductivo fenomenológicamente, pero anterior lógicamente. En esta suerte de bucle el problema es que siempre se está pensando dentro de un mismo circuito que, aunque comprende el atrevimiento creativo de la abducción, éste siempre toma las mismas rutas para generar teorías. Pero es sólo una manera de hacerlo. Por eso es importante comprender la lógica y el pensamiento racional como una de las tantas artes adivinatorias, quizá la que hemos desarrollado con más precisión, o quizá la que se ha impuesto con más eficacia o más fuerza en la sociedad contemporánea. O tal vez incluso ambas van de la mano, es decir, que su eficacia es resultado del grado de imposición. Por eso es necesario desarticular sus mecanismos a fin de abrir paso a otras posibilidades.

Quizá entre muchas otras, a través del psicoanálisis por lo menos podemos acceder a una otra forma de conjetura que, como decíamos al principio, nombraremos “exducción”. Ésta tendría más que ver con lo que podríamos identificar tal vez transitoriamente como “lógica del inconsciente”, pues más que una lógica es posible que se trate de una ilógica, es decir, una puesta en suspenso o en cuestión de toda regla posible. En ese sentido, podría etiquetarse como una suerte de lógica negativa. Ésta le da la vuelta al razonamiento deductivo a partir de un caso. No solamente permite dar un salto hacia una conclusión, sino que posteriormente permite una explicación contraria que partiría de una premisa inverosímil. Este tipo de lógica se usa para los casos anormales y de ahí es que cobra fuerza e importancia. En psicoanálisis la lógica del inconsciente permite una observación (o más bien escucha) invertida. Es decir, si estoy frente a un fenómeno determinado, es más probable que se trate de una excepción a que se trate de un caso que sigue una regla. Ésta es la lógica de la particularidad que no pretende llegar a generalidades, sino a “una otra generalidad” en todo caso, pues tampoco se queda con la mera descripción o registro. La lógica del inconsciente permite dar dos saltos en el pensamiento. Ya no solamente se trata de predecir un futuro posible, sino de adelantarse a que el futuro siempre trae cosas nuevas. Más que hablar de futuro se habla entonces de porvenir. La deducción se encarga del futuro, la lógica del inconsciente se encarga del porvenir. La lógica del inconsciente se adelanta a concebir la posibilidad de que no haya ninguna regla incluso. Si estoy frente a un caso, lo más seguro es que este caso venga a cambiar todo lo que yo creía que pasaba previamente con este tipo de casos. Se trata de la lógica del devenir o también podríamos decir que es la lógica de la vida, comprendida en sentido nietzscheano; o también podría ser comprendida como la lógica del rizoma, o la lógica del cuerpo en términos deleuzianos. En otras palabras, el cuerpo se define como lo que siempre escapa a cualquier patrón, por lo tanto, ante cualquier caso que se me presente voy a observarlo en su especificidad y no en su estadística o sus elementos compartidos con otros cuerpos. Se trata entonces de una lógica totalmente contraria a la de la ciencia, la cual hemos identificado aquí con el bucle inducción-abducción-deducción.

Si identificamos este tipo de lógica del inconsciente como por lo menos una de aquellas con las que trabaja el psicoanálisis, entonces el psicoanálisis estaría definido en un campo contrario o al menos distinto al de la ciencia. Desde Freud, como se sabe, el psicoanálisis trabaja con los casos que la ciencia no ha podido resolver. Nace a partir de la desesperación de la misma. Parte de las excepciones y les presta atención más a éstas que a los casos normales. Acude a psicoanálisis quien no encuentra lugar, o no encuentra escucha, en los métodos probados y comprobados. Del mismo modo, la escucha en psicoanálisis es la escucha “al revés” o negativa. Si alguien dice que algo le duele, lx psicoanalista escucha que la persona goza con ello. Si alguien dice que algo fue un accidente, lx psicoanalista escucha que fue totalmente a propósito. Si alguien dice que no recuerda una parte de un sueño, lx psicoanalista escucha que esa parte es la más relevante y por lo tanto lx analizante está ocultando algo, incluso para sí mismx. Si alguien dice que no sabe por qué le pasa algo, lx psicoanalista escucha que tan lo sabe que prefiere no verlo porque sería demasiado doloroso admitirlo. Si alguien dice que no quiere hacer una cosa determinada, lx psicoanalista escucha que eso es lo que más desea. Si alguien dice que se está esforzando en cumplir algo o evitar algo, lo más seguro es que se esté esforzando en lograr todo lo contrario de lo que dice.

Esta especie de (i)lógica del inconsciente se podría decir que se basa en la excepción. No solamente se trata de generar teorías a partir de un caso, sino de darle la vuelta a éstas a partir de ello. Es decir, se trata también de una suerte de abducción negativa. Ya Peirce había anunciado que el razonamiento abductivo o hipotético se acompaña siempre de su opuesto. Es decir, la idea de “si hago esto lo más seguro es que obtenga esto otro”, va acompañada de “Si no lo hago, no va a pasar aquello”. Ahora bien, la negatividad del pensamiento exductivo, siguiendo estos términos, sería más bien algo como “si hago esto lo más seguro es que obtenga algo distinto de lo que pienso”. Esta apertura no equivale exactamente tampoco a decir que se va a obtener lo contrario de lo que se piensa, sino algo totalmente fuera de todas las posibilidades que se nos puedan ocurrir. Esta quizá fuera de toda lógica y de ahí la importancia de asociar este tipo de razonamiento con lo inconsciente. El psicoanálisis entonces trabaja con eso que ha sido descartado de la ciencia. De hecho, el término exducción ya puede ser encontrado en la literatura científica, por aquellos profesionales que desean a toda costa predecir y dominar las vías del pensamiento a través de la inteligencia artificial, justo para desechar de manera sistemática, a partir de un antecedente inconsistente, aquellas premisas que no aportan a la formulación de reglas (ver aquí). Esto es la lógica de la resistencia en psicoanálisis: cuando aquello que se nos aparece como una cosa novedosa en lugar de cambiar el sistema termina reforzándolo.

No obstante, hay que advertir que también existe la posibilidad de generar reglas de la exducción y aquí está en todo caso el peligro tanto de un psicoanálisis dogmático como de un posible desarrollo futuro de la inteligencia artificial que intente integrar la exducción como parte de sus sistema. De cualquier manera, es necesario señalar desde ahora mismo que si eso pasa, entonces ya se está haciendo abducción y no exducción. Es decir, si siempre que pasa un accidente se le asocia ya con una regla inversa, entonces ésta ya es una nueva regla. La aventura del psicoanálisis consiste en que el tipo de hipótesis negativas a las que da acceso permanecen siempre como hipótesis sin tener que ser comprobadas, sino realizadas en todo caso. En otros términos, sólo a través de la realización de lo contrario de lo que diría la regla es que se puede salir de la lógica de la repetición. Esto que aquí llamamos lógica del inconsciente puede estar muy cercana a algunas formas de actuar en el arte o en operaciones asociadas con la magia o el misticismo; o diferentes tipos de prácticas, ya sea curación u otro tipo de acción sobre los cuerpos, que no son occidentales. El punto en común por ahora sería simplemente que dadas ciertas formas de abordar los problemas, se prefiere utilizar una distinta. Si el pensamiento abductivo es una especie de puente entre inducción y deducción, ya que permite saltar a la conclusión a partir de un caso, sería verdad que la abducción y la exducción también comparten un camino de salida de la inducción, sólo que para la segunda hace falta desviarse y comenzar a razonar “negativamente” o “fuera de”.

Por último, resulta quizá no sólo curioso sino un tanto revelador dos cosas. Primera, que Peirce y Freud hayan sido contemporáneos en algún momento, signo de que habría que leerles conjuntamente, como si fueran dos caras de una misma explicación. Segunda, que el término “exducción” también ya ha sido usado, igualmente ligado a este tipo de temas en relación con la hipnosis, cuando al proceso de inmersión en ella se le llama “inducción” y, por simple oposición terminológica, al proceso de salir de ella se le llama “exducción”. De un modo muy similar, Jacques-Alain Miller había usado el término más genéricamente en psicoanálisis al hablar de inducción y exducción del proceso analítico, como sinónimos de introducción y “salida” o, en todo caso, fin del análisis. Es evidente que en lo expuesto aquí habría mucha afinidad con esta última forma de usar el término. En una hipótesis aventurada, eso querría decir que cuando se logra la exducción en el sentido que aquí la explicamos, también se logra el fin del análisis. Sin embargo, como decía al principio, aquí no se trata de un estudio exhaustivo ni último de esta propuesta, sino apenas de un primer intento de apalabramiento que puede servir para posteriores desarrollos. Me atrevo a decir que la exducción sólo es una de las lógicas de aquello que va más allá del discurso consciente y que se pueden encontrar tanto en el psicoanálisis como en otras prácticas no científicas, pero por ahora contentémonos con haber podido abrir esta puerta plenamente desde el interior del discurso lógico. 

Esquema de la exducción

Esquema de elaboración propia.

Categorías Inconsciente, Pensamiento

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