Fe, voluntad y poesía: algunos vestigios del mundo antiguo

La fe fue un tipo de práctica con extrañas características para las que hoy tenemos pocos recursos para describirla siquiera. Perteneció al dominio de las religiones, los mitos y la magia. Hoy afortunadamente contamos con la suficiente tecnología para dejar atrás aquellas costumbres nada seguras. Uno tenía fe cuando el futuro era totalmente incierto, cuando no se habían explicado los mecanismos de la naturaleza y del cosmos. Ante la falta de certeza, el ser humano recurría a la fe como un remedio para su angustia. Una de las consecuencias negativas de la fe era que la gente no hiciera nada, que aceptara la vida tal cual como se le presentara y simplemente buscara adaptarse a ella, en lugar de adaptar el medio a través de los avances científicos y técnicos. Sin embargo, no todo era negativo, “la fe mueve montañas” se decía. Y es que la fe también podía provocar que una persona se esforzara en realizar alguna cosa a veces incluso imposible, sin ninguna garantía de lograrlo. Este tipo de comportamientos anómalos generaba que otros hombres se sintieran inspirados para creer también en una especie de fuerzas ocultas que le daban sentido a la existencia. Así, el hombre configuraba una suerte de bucle supersticioso donde entre más se esforzara uno por lograr algo y menos pareciera obtenerse, entonces más fe habría que tener. Dominado por este tipo de hábitos, el hombre se encontraba en la oscuridad total acerca de la realidad que hoy conocemos. Se creía, por ejemplo, que con el esfuerzo suficiente el mundo podía llegar a ser diferente. Por supuesto, eso es hoy inimaginable y hasta estúpido siquiera planteárselo.

La fe venía acompañada con una especie de contraparte proveniente del sujeto que la albergaba. Se trata de la llamada “fuerza de voluntad”. Se trataba de la creencia en la existencia de una especie de facultad que tenían los hombres. Se creía, por ejemplo, que con sólo quererlo, uno podía liberarse de adicciones o de otras enfermedades como la depresión o incluso una gripe o un cáncer. El recurso de la fuerza de voluntad era análogo al de la fe. Es decir que ante la falta de opciones instrumentales con que ahora contamos para controlar la conducta, como los programas, dispositivos, medicamentos y operaciones especializadas para cada una de estas afecciones, al hombre no le quedaba de otra más que intentar utilizar la fuerza de voluntad. Algunos hombres llegaban a atribuir sus logros personales a su fuerza de voluntad o a su fe.

Sumido en un mundo de azares, donde se creía que todo podía ser posible, el hombre creó estas ficciones a fin de poder afrontar todo tipo de infelicidad. Hoy hemos dejado de creer tanto en la fe como en la fuerza de voluntad, del mismo modo que hemos dejado de creer en cosas aún más antiguas como los fantasmas, los dioses, el destino, entre otras. Estas concepciones en muchas ocasiones son sustitutos unas de otras. Generalmente, no sabemos en qué momento exactamente podemos apreciar la desaparición de una para rastrear la aparición de otra. Sin embargo, uno de los últimos remanentes de este tipo de prácticas, que tal vez todavía haya en escasa existencia, fue la poesía. Ésta era una especie de escritura que retaba al significado de las palabras, como si pudiera luchar contra ellas. Hoy no entendemos bien este tipo de ejercicios, pues carecen absolutamente de valor. Pero se sabe que muchos de los hombres antiguos experimentaban cierto goce en utilizar las palabras en muchos sentidos diferentes a veces, incluso, al mismo tiempo. No se sabe por qué razón, pero se cree que bajo la práctica de la poesía, muchas veces lo hacían incluso a propósito. A veces escudándose en aquello que llamaban fuerza de voluntad o en la fe, intentaban retorcer o esconder definitivamente el significado normal de las palabras o incluso frases enteras. Se ha llegado a comprobar la existencia de libros completos de este tipo de escritura donde no hay siquiera una introducción o alguna palabra usada en el sentido común. Algunas fuentes llegan a vincular estas prácticas con otras aledañas etiquetadas bajo la categoría de “Filosofía”.

Estas y otras cosas que hoy nos parecen absurdas eran herramientas conceptuales del hombre antiguo. Hoy no sabemos cómo, a pesar de su falta de existencia absoluta, lograban tener algún efecto en el mundo. Tampoco se sabe exactamente para qué servían o cuál era su forma de operar a ciencia cierta. En la actualidad seguimos investigando estos extraños fenómenos y esperamos llegar a comprobar algo acerca de ellos próximamente. No nos atreveremos aquí a afirmarlo tajantemente, pero, por lo poco que hasta ahora se ha encontrado y sin hacernos falsas ilusiones, es que estas prácticas quizá estaban relacionadas con el hecho de que la humanidad iba antes en aumento, respecto a la densidad poblacional, y no en exponencial descenso, como ahora, al grado de que se estima su extinción para menos de 10 años.

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